0012. Adolfo Romero, por Pepe Molina

Fiesta | FestaAdolfo Romero, en la Venta del Túnel (1977), por Jorge Dragón

Hola, amiga Porverita. Continuando con los deberes que me impones, vamos con algo sobre Adolfo. Mi primo Adolfo Romero Molina, nació en 1934 en la finca Barrientos, justo en la misma casa que mi padre Salvador, por decisión de mi tía Lola [Molina], madre de Adolfo, quien quiso dar a luz junto a su madre, María Ranea. Eran tiempos en que se buscaba, ante todo, la compañía y protección familiar.

Adolfo creció en el lagar de Cárdenas junto a sus hermanos Paco y Mª Auxilio. Jesús nació años más tarde. Pronto comenzaron sus pinitos con la fiesta pues, su padre, Rafael Romero, hermano del padre de Paco “Maroto”, aunque hombre serio de carácter, era fiestero. Desde adolescentes, se juntaban Adolfo, Paco (su hermano), Paco Maroto, su primo Blas Díaz Zafra (también violinero), Paco Casamayor y otros jóvenes, los cuales, tras las tareas del acarreo de harina, o en el tiempo de la pisa de la uva, aprovechaban cualquier momento para tocar fiesta. En ocasiones, se les unían fiesteros de más edad caso de Hilario Sánchez, Miguel la Vara, José el del Higuerón (pandero), José Vega y Miguel Romero (éste,tío de Paco Maroto, ambos platilleros), Rafael el Hornero (guitarra, padre de Manolo el Hornero) y otros.

Como he comentado en alguna ocasión, al ser Santo Pitar un paraje limítrofe con dos zonas emblemáticas de distintas maneras de entender la fiesta, Montes de Málaga y Axarquía, recibía influencias varias y, al principio no tuvieron ningún empacho en aprender y tocar por las dos modalidades conocidas: Montes y Comares. De hecho, Paco Maroto tocaba por esos años la guitarra, hasta que aprendió el violín, mientras Adolfo se iniciaba con el violín (a Montes) y el laúd (por Comares).

Con el tiempo, Adolfo conoció a María Muñoz Ruiz, vecina de Totalán, quien sería su esposa. Como era costumbre por aquel tiempo, Adolfo solía visitarla dos días en semana fijos, pongamos por caso, los miércoles y domingos pero, como buen fiestero, si le surgía un rato de fiesta alguno de esos dos días, María ya se podía ir despidiendo de su visita porque él no aparecía. Sin embargo, ella, siempre supo comprender la afición desmedida por la fiesta que tenía Adolfo y nunca le puso peros.

En esto que llega el día de fijar fecha para la boda, se habla con el cura de Totalán y se acuerda para un día de la Pascua. Se avisan a familiares, se elaboran las invitaciones de boda. Todo está preparado… Y un buen día aparece Paco Maroto, con una sonrisa de oreja a oreja, y le dice a Adolfo:
Primo, ha ido un hombre a Comares buscando fiesta para algo importante que van a hacer en Torremolinos. (Se trataba de la inauguración de La Nogalera).
Adolfo se quedó pensativo mientras María se temía lo peor. Y así fue. Al rato, Adolfo exclamó:
La boda se aplaza. Nos vamos de fiesta.
El padre puso el grito en el cielo, con un enfado descomunal:
Tú estás loco, ¿cómo vas a aplazar la boda con todo preparado?
Y Adolfo, impertérrito: –Nada, nada, que me voy de fiesta.

Aquello fue un escándalo. El padre, Rafael, se subía por las paredes. Incluso prohibió a su hija Mª Auxilio y a la novia, María, asistir a la fiesta. Fueron a hablar con el cura de Totalán y, éste, se pilló un rebote peor que el del padre del novio:
Pues si no se casan en la fecha prevista, conmigo que no cuenten para otro día.
Y tuvieron que hablar con Luciano, cura de Comares por esos años, quien accedió a casarlos. Pasado el tiempo, Luciano sería el primer presidente de la Peña Los Verdiales, de Suárez.

En cierta ocasión, organizaron una “expedición” en Comares para ir a la feria de Málaga, que entonces se celebraba en el Parque. Pepe Domingo, chófer de la Alsina, padre de Lolita, la mujer de Paco Maroto, curándose en salud porque los conocía, les advirtió:
Que sepáis que os espero hasta las dos de la madrugada. Quien no esté a esa hora se queda en tierra porque yo me voy.
Pero esa noche, la fiesta estaba buenísima y, como diría Sabina: “les dieron las dos y las tres, las cuatro y las cinco y las seis…” Y Pepe Domingo cogió su autobús y se fue a Comares. Al otro día era domingo. No había servicio de autobús. Cuando se vieron por la mañana en el Parque de Málaga sin opciones:
¿Y ahora, qué hacemos?
Pues vámonos a poquito a poco por El Palo p,arriba.
Y así lo hicieron Paco Maroto, Adolfo, sus respectivas esposas y unos cuantos más. Cuando llegaron a Olías, ya iban reventados, sobre todo ellas que, con sus tacones, no podían más. Al llegar al puerto de la Bolina, donde un vecino vendía alpargatas, Lolita y María, que ya no podían más, acordaron comprar unas alpargatas y guardar los zapatos de tacón. Pero, no había de su talla, eran del número 45, la más pequeña. Aún así, las compraron, en su desesperación, mientras sus maridos se tronchaban de
risa. Paco Maroto, se atrevió a preguntarles:
¿Qué os parece si echamos un revezo y bailáis, para probar las alpargatas?
Lo que le contestaron, prefiero omitirlo, pero os podéis imaginar lo que queráis.

Finalmente, llegaron como pudieron la una, a venta Cárdenas y la otra, todavía tuvo que dar unos pasos más, hasta Maroto.

Si esto no es afición a la fiesta, que venga Dios y lo vea.

Adolfo y Paco Maroto eran muy amigos de Manuel Báez y, un año, éste “les calentó” y los animó a sacar panda para llevarla a venta del Túnel, lógicamente, por la modalidad de Montes. Manolo Báez, conocía muy buenos fiesteros de esa modalidad y reunió una panda entre los que se encontraban el “Limpio”, Pepe Reina, incluso Manolo el “Tórtolo”, les acompañó con el pandero. Iba Adolfo con el violín y Paco Maroto… con el laúd. Cuando llegaron a la venta y Povea les vió llegar con instrumento tan poco usual en Montes les espetó:
No pensaréis entrar en concurso con eso. ¿Por qué no se habéis traído también un piano?
Y no les dejó concursar de ninguna de las maneras. Hay que advertir que, ya por esa época, a mediados de los sesenta, Povea y Báez estaban “picados” entre ellos por circunstancias ocurridas años antes (asunto Torremuelle y otros) y Manolo Báez no se quiso “bajar del burro” y dejar el laúd, pues Paco Maroto podía haber tocado perfectamente la guitarra. La panda se tuvo que volver por donde había venido, sin concursar.

Los fiesteros de Comares, al igual que los de Povea, (“El precio de la muerte“, de Carol Reed), también tuvieron su película. Esta se rodó hacia el año 1945 en Ojén, y a ella asistieron fiestetros antiguos como Miguel Plancha, Malandingo, Hilario, Frasco el del Cerro Santopita, Rafael y Lola (padres de Adolfo), Manuel y Victoria (padres de Paco Maroto), Rafael Piñuela, Rafael Ranea “Terrone”, entre otros. Los puso en contacto con el director de la película, de origen extranjero, un hijo del Marqués del Cerro Santopitar, Adolfo Gross. Estuvieron tres días rodando y al padre de Paco Maroto le encomendaron un pequeño papel en la trama de la película.

Hacia el año 1970, entre Hilario, Paco Maroto, Adolfo y Jesús de Cárdenas, acuerdan constituírse en panda con el nombre de Comares (aunque también se barajó el de Santo Pitar, Hilario impuso el comareño) para acudir al concurso de Rincón de la Victoria, que, por cierto, ganaron “de calle” con un éxito clamoroso, preludio de lo que sería la trayectoria de una de las pandas más importantes de la historia de la fiesta.

Aunque nunca perdieron el gusto por la fiesta improvisada, familiar. En cierta ocasión se organizó una fiesta de comercio en venta de Cárdenas a la que acudió la panda al completo faltando únicamente Diego y Lolita de la Breña que se quedaron en su casa por causas familiares. Al terminar la fiesta en Cárdenas, a eso de las tres de la mañana, calientes y entusiasmados como estaban, acordaron de “hacerle una visita a Diego y Lolita”, a la Breña.
Cuando llegaron, en el silencio de la noche, se congregaron, entre siseos, a la puerta de la casa para comenzar la serenata. Momentos antes, Paco Maroto, cual furtivo ladrón, había entrado en el corral donde guardaban las gallinas, cogiendo de las alas el gallo más hermoso que tenían Diego y Lola. Comienza la fiesta a la puerta y abren Diego, en pijama, y Lolita en camisón. Al terminar el revezo les dice Paco:
Diego, Lola, aquí venimos a echaros el rato de fiesta que no habéis podido disfrutar en Cárdenas, y para celebrarlo, os traemos un gallo pa comérnoslo. Diego, no paraba de mirar de reojo al gallo, como queriéndolo conocer. Hasta que Lolita le advirtió:
Diego, ese gallo es el nuestro.

Y ahí comenzaron las risas y la fiesta hasta por la mañana. Ni que decir tiene que Lolita cocinó el gallo que daba gusto, sin poner el menor reparo. Y es que, había llegado a su casa su “familia” fiestera y no había motivos más que para la alegría.

Hacia 1982, Adolfo me animó a formar la actual panda de Santo Pitar a sabiendas que me “perdía” como compañero de su panda de Comares. Pero él supo interpretar qué era lo mejor para mí, algo que nunca olvidaré.

Porverita, ahora llega lo difícil pues no encuentro palabras para describirte la calidad humana de Adolfo, su casa siempre estuvo abierta para todo el que llegaba (algo que hay que agradecerle también a María).

Sólo te comento que fue de las mejores personas que he conocido en mi vida, un ejemplo de bondad y amor por la fiesta. Lástima de su desaparición prematura, con 51 años, aunque, para todos los que tuvimos la suerte de tratarlo, siempre nos quedará el mejor y más imborrable de los recuerdos.

Un saludo, amiga.
(José Manuel Molina Gámez aka Pepe Molina. 3 marzo, 2010)

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