0034. El ruralismo de la fiesta, por Eusebio Rioja

El investigador malagueño Eusebio Rioja establece dos circunstancias determinantes de la ausencia documental de la Fiesta de Verdiales en las fuentes que tradicionalmente se han utilizado para datar la historia del flamenco -la literatura costumbrista y viajeros, la prensa y los escritos musiales-, a saber:

  • el ruralismo de la fiesta
  • el carácter innominado de la fiesta.

Hoy vamos a citar de su trabajo “La Fiesta de Verdiales : Documentación sobre su antigua existencia” (2008) lo referente a la primera causa de desconocimiento general de la fiesta:

El ruralismo de la fiesta (Eusebio Rioja)

La fiesta de Verdiales es una manifestación folclórica absoluta y exclusivamente rural. No es siquiera de pueblos ni de poblaciones agrarias de amplia o mediana extensión. La fiestaes un folclore cultivado sólo en casas y caseríos lugareños: en lagares, cortijos y cortijadas de los campos y de los montes.

Incluso cuando mentamos verdiales por el estilo de Almogía, o bien por el estilo de Comares, sabemos que no citamos el sentido urbano de los sustantivos de ambos pueblos, sino que evocamos los términos y las zonas rurales de sus influencias, a sus respectivos entornos agrarios, a sus campos. Y somos conscientes de ello. Más gráfica y precisa se muestra la mención del estilo de los Montes de Málaga. Ahí sí que no hay duda. El sentido rural de la expresión es inequívoco, rotundo.

Así las cosas, es fácil deducir que muchos literatos, muchos viajeros, muchos periodistas y muchos músicos académicos del siglo XIX no conocieran la fiesta de Verdiales. Salvo excepciones, la mayoría de ellos eran burgueses urbanitas que lo más lejos de los centros de las ciudades que llegaban a visitar eran los barrios periféricos o algún que otro pueblo, a donde se desplazaban generalmente por alguna causa puntual. Además, su mercado: sus lectores no demostraban ningún interés por una música que se les manifestaba dura a los oídos, desagradable e inmersa en una parafernalia tan singular y atávica, que no entendían su lenguaje. El lenguaje, el contenido de la fiesta, de la fiesta en sí y en sentido amplio -no sólo la música y el baile- les era completamente críptico, ininteligible. Para ellos  eran cosas de catetos que a veces les provocaba reacciones de burla, a veces de desprecio y en los mejores casos, de conmiseración. Consecuentemente, los que llegaron a conocerla apenas se ocuparon de ella o no se ocuparon en absoluto. ¿Para qué? Mejor ignorarla…

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