0040. El carácter innominado de la Fiesta, por Eusebio Rioja

La segunda gran razón del desconocimiento de la FV -Fiesta de Verdiales- para los estudiosos y viajeros del siglo XVIII y XIX es lo que Eusebio Rioja da en llamar “el carácter innominado de la Fiesta” en su estudio “La Fiesta de Verdiales : documentación sobre su antigua existencia” (2008). Aquí tenéis sus argumentaciones:

Por otro lado, la fiesta no tenía nombre propio. En realidad, no lo tiene. El uso del término Verdiales como título de la fiesta es reciente. No hallamos su empleo fehaciente con anterioridad al siglo XX. La fiesta de Verdiales se ha conocido y se conoce entre fiesteros como Fiesta: es la fiesta por antonomasia. Como mucho, la denoniman a veces fandango, usando fandango en su expresión más abstracta, como sinónimo de fiesta o festejo concurrido, ruidoso y musical. También encontramos en el siglo XIX a los fiesteros denominados inocentes, según vamos a ver.

En una breve noticia, el periódico malagueño “La Unión Mercantil” del 11 de junio de 1886 usa el término Verdiales en genitivo, no en nominativo: una fiesta de los Verdiales, por lo que dudamos si se daba nombre con él a la fiesta o se trataba de un locativo en referencia o alusión al Partido Rural de Verdiales, o de los Verdiales. El contexto no nos permite concluir con rigor.

Hacia el final del siglo, el tres de agosto de 1896, el mismo medio escribe:

LAS COMPARSAS DE VERDIALES

Los alcaldes pedáneos de los partidos rurales asistieron ayer a la reunión celebrada por la comisión de fiestas andaluzas de la Victoria, acordando llevar comparsas á dicho número de festejos para optar al premio ofrecido.

Vestirán aquellas comparsas el trage típico de Verdiales.

Apreciamos aquí un cambio de importancia: no se les llama de los Verdiales a las comparsas y a los trajes típicos, sino de Verdiales. Pero aún así y como en el anterior caso, no podemos concluir rotundamente.

La primera vez que encontramos el término Verdiales como nombre propio e inequívoco aplicado a una interpretación musical flamenca, es el disco “En la Cala hay una fiesta“, de Juan Breva, placa editada en 1010 (Zonophone Company 3.62143).

Muy poco después, el 16 de marzo de 1911, el diario “El Popular” escribe:

Sociedad Emilio Thuiller.- Esta culta sociedad, situada en la calle de la Zanca núm. 1, celebrará el próximo sábado 1º de Abril una velada, en la que se pondrá en escena la bonita zarzuela “El Tunel”.

Terminada la función, tendrá lugar una gran fiesta estilo Verdiales, en la que tomarán parte aplaudidos cantadores y tocadores de flamenco, siendo de esperar que resulte una fiesta agradabilísima, reinando gran animación entre los aficionados á dicho acto.

Pues he aquí dos muestras de que en 1910 y 1911 la denominación verdiales era usada como nombre propio y que se aplicaba a un estilo musical interpretadas por cantadores y tocadores de flamenco. Repetimos que son éstas las dos primeras noticias que hemos encontrado y que nos resultan inequívocas.

Bien entrado el siglo XX, el 31 de agosto de 1915 Fernando Lacarra publica en dicho periódico el artículo titulado “Bellezas que no se cantan“. Describiendo el folclore musical de Mijas, apunta:

El verano tras los “Verdiales”, con sus guitarras y sus diminutos platillos, haciéndose interpretar por las más bellas mozas, y los bailarines más garridos de aquellos contornos.

Más de una vez, en la plaza de Abajo, he fumado un cigarrillo contemplando sus danzas y escuchando sus canciones, íntimas, alegres e intencionadas, con alguna declaración de amores que sabe recoger una mozo con la sonrisa en los labios, y la malicia en los ojos.

En un capullo de rosa
estoy guardando besitos
para cuando nos casemos
dártelos todos juntitos.

Ahora sí que se emplea Verdiales como sustantivo y se aplica a una determinada forma musical folclórica. Otro ejemplo nos aparece el 11 de septiembre de 1924:

LOS VERDIALES

Anoche de nuevo consiguieron el aplauso de la numerosa concurrencia que llenaba el recreo titulado “El Cortijo”, el cuadro de campesinos “Los Verdiales”.

Se está organizando un concurso de bailes, al estilo de la provincia, con premios a quien mejor lo haga, cuyos detalles daremos a conocer.

El borrego sorteado anoche, correspondió al número 7.706, siendo el agraciado, don José Alcalá del Olmo.

Esta noche, “Los Verdiales” la rifa de un hermoso cordero.

Como sabemos, la palabra verdiales es de origen geográfico-administrativo. Designa a un partido rural donde nos consta la antigua existencia de la fiesta (1). Antonomásticamente, el título del Partido de Verdiales -del espacio geográfico a la vez que demarcación administrativa- pasó a denominar a su folclore genuino. Se trata de un nombre utilitario y a la mano que nos sirve, con el que nos movemos y nos desenvolvemos, pero que no es ni antiguo, ni arraigado, ni preciso: como verdiales calificamos también a los estilos fiesteros de Almogía y Comares, pueblos que no pertenecen al Partido Rural de Verdiales, por lo que no es riguroso el sustantivo.

Es por ello por lo que presumiblemente se les escapasen a los investigadores documentos que la refieran. Es necesario estar muy familiarizado con la fiesta, conocerla en profundidad para identificarla en unos y otros escritos, en unas y otras referencias, alusiones o evocaciones. Y esta familiarización no se prodiga entre los investigadores históricos. Ni siquiera entre todos los que historian el arte flamenco. Los mismos documentos que vamos a presentar no registran el sustantivo Verdiales ni ningún derivado. Podrían habérseles escurrido entre los dedos a otros investigadores.

Llegados a este decepcionante punto, es fácil concluir que acogemos con todo interés cualquier documento que nos ayude a la concreción de la edad y el devenir de nuestra fiesta.

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(1). El Partido de Verdiales se encuentra incluido en la sección “Partidos Rurales” del “Callejero de la Ciudad e índice de las fincas rurales de su término” de 1939 por Francisco Bejarano Robles. Su delimitación es:

Camino de Antequera (lindero con el partido de Santa Catalina), Puerto Perea, Arroyo de León, Camino vecinal del Lagar de Horte, Carretera de Las Pedrizas (lindero con Venta Larga), realenga de la Ermita de los Verdiales (lindero de los partidos de Roalabota y Santa Catalina), Realenga de Santa Cruz, (lindero con Santa Catalina) baja al Cerro del Negrete (lindero, también, de Santa Catalina), Caserío de los Castillejos, y, nuevamente, al Camino de Antequera, donde termina. (BEJARANO PÉREZ, R. “El Callejero de 1939” Ayto. de Málaga. 2005

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