0093. Cartas de Pepe Molina (7ª): la primera casete

La primera grabación de Santo Pita (1984)

Ya tenía yo ganas de que “alguien” me contara algo de esta primera grabación sonora de los chicos de Santo Pitar de 1984, porque me gusta muchísimo y porque se me ha quedado grabado ese ritmo trepidante de la panda, que sin embargo va acompañado de un cante portentoso que adoro: la voz de Carmina Romero, la de Antonio “el Cabra” y otros que todavía no distingo bien.

Escuchad las tres primeras pistas, AQUI. (Otro día pongo más pistas. Necesito identificar bien las voces y completar algunas coplas)

Me encantan estos correos de Pepe, que ocurra lo que ocurra en mi vida, me alegran el día.

De: José Manuel Molina Gámez
Para: porverita@gmail.com
Fecha: 24 de noviembre

Querida amiga:
Paso a contarte los pormenores de la primera grabación de la panda, que tuvo lugar en un estudio de calle D. Juan de Austria, en el barrio de la Trinidad (o de la Triniá).

Tras la incorporación a la panda de Piteli y Rafael Romero, el grupo se va consolidando humana y musicalmente. Luis, mejora considerablemente con el pandero y no tarda en surgir la idea de realizar una grabación en cassette, que era a lo que económicamente podíamos aspirar pues de disco de vinilo, ni pensarlo.

Por esas fechas, final de primavera del año 84, alguien me presentó al músico, compositor y arreglista José María Alonso, quien se encontraba muy interesado en hacer algún trabajo con los verdiales. Él me hablaba de la falta de difusión y promoción de la fiesta, algo que achacaba, en parte, a sus características rítmicas y melódicas y, sobre todo, a la dificultad añadida de no entender las letras, no escuchar lo que dice el cantaor, con lo que se perdía en gran medida su belleza. Decía que la fiesta era perfectamente comercializable y difundible pero, para ello, debería sufrir alguna modificación que la hiciera más asequible al gran público, más fácil de asimilar y oir. Ponía como ejemplo cierto enlentecimiento del ritmo, mejoría en la dicción de los cantaores, menor complejidad instrumental, etc.

Cuando le puse al corriente de nuestra intención de grabar una cinta, se mostró encantado y se ofreció a colaborar con nosotros en su elaboración. Él llevaba sus miras en el asunto pues quería “experimentar” con todo el grupo instrumental y poner en práctica sus teorías, así que buscó el estudio de grabación y acordamos una fecha para llevarlo a cabo.

No es necesario repetir los nombres de los que grabamos pues, por mis cartas anteriores ya los conoces. Sólo añadir el de Antonio Campos “el Cabra”, amigo al que ya conocíamos años atrás y que salía con la panda de Rafael Calderón. Quisimos contar con él para enriquecer el cante junto al de Piteli, Juan Romero, Luis, Carmina y, ahora no recuerdo si también mi hermano Paco y algún otro.

Llegamos al estudio y nos encontramos con la primera y desagradable sorpresa de que tenían dispuestas unas mamparas, especie de biombos, para separar los distintos instrumentos. El pretexto era que técnicamente, al ir cada instrumento por vías separadas, la mezcla y ecualización final
sería más fácil y provechosa. En realidad, no fue más que un subterfugio ideado para tener el sonido límpio de violín y pandero, sobre todo, guitarras, platillos y cante por separado y poder, los técnicos, oir y manipular el sonido y el ritmo con vistas a esa alteración de la fiesta que facilitara su audición y posibilitara una mayor comercialización del verdial.

Me consta, porque así me lo comunicó días más tarde el propio José María, que tanto él como un grupo experimentado de músicos y técnicos de sonido estuvieron todo un fin de semana trabajando, día y noche, con la grabación para descubrir ese camino que les llevara a un tipo de fiesta más llano y asequible para el público medio… Por más que lo intentaron, no llegaron a ningún sitio aunque en el genial músico, José María Alonso, quedó, con mucha probabilidad, el germen de lo que pocos años más tarde volvió a intentar con la malagueña, siendo el inventor, si se puede llamar así, de lo que hoy se conocen como “malagueñas de fiesta”. Eso sin contar que, años más tarde, volvería sus ojos a los verdiales para colaborar con el gran maestro y fiestero, Juan Majallana, en su trabajo sobre los “nuevos Horizontes” de la fiesta de verdiales.

Pero, volviendo a la grabación de Santo Pitar, lo cierto es que “nos hicieron la puñeta” porque resultó todo un suplicio para una panda, recordemos, relativamente joven e inexperta, realizar una grabación a través de sendos auriculares, cada uno en una esquina del estudio, sin vernos las caras y sudando la gota gorda porque hacía un calor espantoso. A pesar de todas esos hándicaps pudimos terminar una grabación que, sin ser el paradigma de una fiesta bien grabada, resultó de nuestro agrado para ésa época, con un ritmo, tal vez, demasiado vivo y una ecualización deficiente que, no obstante, deja traslucir el buen cante de Piteli, Cabra, Carmina, Juan, etc.

En fin, amiga Porverita, otra historia para el recuerdo. Un abrazo.

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