0112. El folklore más vivo

Los verdiales: el folclore vivo más antiguo de Europa encara el siglo XXI como bien cultural

La fiesta verdialera, que mañana celebra su gran día, posee antecedentes en la cultura de los hititas, 2.300 años antes de Cristo
LA OPINIÓN DE MÁLAGA | JOSÉ LUIS PICÓN / EFE. MÁLAGA (27 diciembre, 2010)
La fiesta de verdiales, considerada el folclore vivo más antiguo de Europa, con antecedentes en la cultura de los hititas, 2.300 años antes de Cristo, encara ahora el siglo XXI con la protección que supone haber sido declarada el pasado martes Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Andalucía.

«Tal y como se entienden ahora, los verdiales son exactamente iguales al antiguo fandango de finales del siglo XVII y principios del XVIII en instrumentación, costumbres y rituales», afirma José Molina, autor del libro Fiesta de verdiales: Una aproximación a sus orígenes. Sin embargo, existió una música con los mismos instrumentos y ritos en las fiestas romanas de las Saturnales, que coincidían también con los verdiales en el hecho de celebrar su fiesta mayor el 28 de diciembre, como ocurrirá mañana martes en Málaga.

«Incluso más atrás, en los hititas, se han encontrado platillos idénticos a los verdiales y hay imágenes de terracota con músicos que llevan panderos y platillos, similares a los del mosaico de la ciudad de Pompeya» que confirmó la existencia de esta música en la cultura romana. Los verdiales «no son flamenco tal y como se entiende éste, pero musicalmente son un fandango, y como tal hay que emparentarlos con el flamenco», precisa Molina. Sin embargo, se trata de un fandango «orquestado, instrumental, con instrumentos de cuerda como la guitarra y el violín y de percusión como el pandero y el platillo, que se pierden en el fandango flamenco, que conserva sólo el acompañamiento de guitarra».

Años difíciles

A lo largo de su historia, los verdiales han pasado momentos difíciles, como en los años 40 del pasado siglo, cuando estuvieron «a punto de perderse», debido a fenómenos como el éxodo masivo de la población rural a las ciudades, que afectó seriamente a este folclore de raigambre agraria. En la actualidad, se combinan las luces de la existencia de más pandas de verdiales que en ningún otro momento con las sombras de la desaparición de tradiciones como «las rifas», que consistía en que «alguien pagaba al alcalde de la panda para que ésta hiciera una determinada actuación».

«Hubo quien pagó para que la panda se subiera encima de un almendro para tocar, y alguien que dispuso que la panda le rodeara mientras que él procedía a evacuar su vientre con toda parsimonia», relata Molina.

El elemento más característico de la vestimenta es el gorro de flores, con antecedentes históricos en los griegos, y que se ha mantenido inalterado en la historia, «aunque después de la Guerra Civil hubo la costumbre de ponerse un gorro de legionario adornado con lentejuelas y lazos». «Sin embargo, ése no es el gorro de verdiales, sino el sombrero de palma con flores, lazos y espejos, que simbolizan el poder luminoso del sol, porque cuando se refleja en ellos transmite su brillo», explica este experto.

A su juicio, la declaración como Bien de Interés Cultural supone «un reconocimiento a nivel autonómico, expectativas de darle una mayor proyección a la fiesta y una salvaguarda ante el peligro de que en algún se perdiera.

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