0121. El sombrero de verdiales, según Mandly


El profesor de la Universidad de Sevilla, Antonio Mandly Robles, acaba de publicar un libro muy interesante: “Los Caminos del Flamenco : etnografía, cultura y comunicación en Andalucía” (Sevilla : Signatura, 2010), aunque en él se habla más del método de la Antropología social y de la Fiesta de Verdiales, que del flamenco propiamente.

Consta de tres capítulos o tres ensayos independientes, el segundo de los cuales versa exclusiva y extensamente sobre la Fiesta de Verdiales. El profesor Mandly retoma un artículo propio publicado en la revista “Música Oral del Sur” (vol. 1. 1995) sobre el mismo tema, que en el libro actual está revisado y completado con algunos aspectos de la FV en la actualidad.

En este segundo capítulo encontramos la información sobre el sombrero de lazos que ya aparecía en el artículo de Malagapedia, aunque algo puesto al día; también aparece en este mismo libro la “dichosa” mención a las 24 cintas del sombrero de verdiales, que nos gustaría conocer en que datos o documentación se sostiene.


Mandly Robles, A. “Los Caminos del flamenco : etnografía, cultura y comunicación en Andalucía” (2010) p. 136-137

Pie de foto: “Y rebrotan mil rosas en diciembre, por acunar al sol entre sombreros. Pero los sombreros de los tontos (o inocentes) tienen un cometido mucho más hondo que hacer un brindis al sol. Sus veinticuatro cintas de colores colgantes, revisten simbólicamente a los de abajo del poder que les arrebataron los de arriba”

“… Aquí cobra un especial protagonismo “el sombrero de la libertad”, herencia de las antiguas saturnales y elemento de atuendo único pero definitorio de la fiesta durante el período de juego ritual de solsticio. Es un sombrero de paja de lo más común, que habitualmente una mujer reviste de alambre y forra de tela (normalmente roja) en la que se van cosiendo flores de todo tipo, antes naturales o de papel, luego de plástico y actualmente de tela y de los más variados colores y tamaños, que por costumbre confeccionaba la madre, la novia o la hermana del “fiestero”, es decir, una de las mujeres más allegadas a él, que le tenía reservada esa sorpresa para que lo estrenara durante el ciclo navideño. Los elementos de adorno más vistosos y significativos son las cintas o lazos, expresión indiscutible de tiempo o ciclo de Carnaval, que cuelgan por la parte de atrás unos 60 o 70 cm, llegando a cubrir los hombros y espaldas del “tonto” en son de fiesta hasta la cintura; son de diversos colores y tonalidades y de unos 7 cm de ancho, acabando en flecos (bien hechos del propio lazo entresacando hilos y con vainica, bien cosiéndoles flecos dorados ya confeccionados o incluso haciéndoselos de hilo y croché) y la mayoría con un detalle bordado a mano en sus bajos de fechas, nombres, coplillas y otros motivos.

El detalle más común, y al mismo tiempo curioso, son perlas que han venido sustituyendo a pequeñas y variadas conchas “cogidas” como collares de cuentas. Otros detalles son pequeños “centros” o campanitas navideñas, medallas o incluso algún pendiente o broche de mujer. En el interior y en el fondo de la copa se puede observar una estampa religiosa, una foto o alguna postal como recuerdo. Los espejos, forrados de tela y adornados con lacitos fruncidos para hacerlos resaltar aún más, son los adornos más interesantes; a veces penden del ala y otras en la copa, y su función evidente es la de alumbrar y reflejar el sol por barrancos y torrenteras: -“¡Ahí vienen los tontos, ahí vienen los tontos! ¡Mira qué relumbríos pegan!”. La minuciosa tarea de confeccionar un sombrero dura aproximadamente una semana o diez días de trabajo. Y, si se nos permite una licencia poco poética, su precio -que no su valor- oscila alrededor de los 180 euros a principios del siglo XXI”


Respecto a la significación del sombrero de lazos, además del breve texto del pie de foto de la página 136, el profesor Mandly hace otra mención en el primer capítulo y en la pág. 51: “… Los procesos de transición culturales son lentos, zigzagueantes y tienen la virtud de permitirnos interpretar, a través de ellos, la nitidez de sus distintas capas o estratos. Así sucede en Los Montes de Málaga, donde Los Tontos nunca llegaron a perder el talante saturnalicio ni el sombrero del siglo XVI con sus veinticuatro cintas, símbolo de la autoridad que recobraban cada 25 de diciembre, ni sus ganas de rifa” […]

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