0168. Juan Navarro, folclorista malagueño.

Grupo Folklórico Cultural Villanueva de Algaidas

En el número 18 de la revista “Tierra Sur” (19/4/2005) aparece esta interesantísima entrevista con el folclorista malagueño, Juan Navarro Suárez.

Juan Navarro. Folclorista. Experiencias.
“ELFLAMENCO ES SÓLO UNA PARTE DEL FOLCLORE ANDALUZ”

En Andalucía suele indentificarse folclore con flamenco, y lo que no es flamenco está un tanto olvidado. Al menos eso piensa el folclorista Juan Navarro Súarez, que lleva más de 20 años rastreando la danza y la indumentaria tradicional andaluza. Aunque es poco amigo de las entrevistas, ha aceptado contar a “Tierra Sur” algo de lo que ha aprendido en estos años recorriendo pueblos y cortijos.

Juan Navarro Suárez descubrió su pasión por las danzas populares y la indumentaria tradicional a los 12 años, cuando su abuela le enseñó a bailar la malagueña triste de Álora. Desde hace un par de décadas viene dedicándose a recopilar material, a bailar y enseñar lo que sabe, todo a la vez. Se trata sin duda de un trabajo desinteresado que, según cuenta en esta entrevista, encuentra muy poca ayuda en las administraciones públicas. Los frutos de sus investigaciones los comparte con grupos de danzas andaluces, a los que intenta apoyar para que mantengan o recuperen el espíritu de su auténtico folclore local, porque muchos de ellos han cedido al aflamencamiento, más en boga y más reconocido institucionalmente. Además colabora con diversas escuelas de baile de la provincia de Málaga y los fines de semana los dedica a recorrer cientos de kilómetros en busca de un fandango, una jota o un viejo mandil del que ha oído hablar.

TS: ¿Qué se conserva del folclore?
JN: Se conserva poco.

TS: Quizá pertenece ya al pasado.
JN: Antes la gente hacía fiestas cuando iba a la aceituna. Había grandes fiestas por la noche. El folclore formaba parte de la vida de la gente. Las bodas, los noviazgos, surgían apañando aceituna…

TS: ¿En qué otros momentos se hacían fiestas?
JN: Durante la matanza, la vendimia, la siega… El 15 de agosto se celebraba la fiesta de la romería de la siega. En Málaga, en la vendimia de la uva moscatel se bailaba un tipo de fandango, el verdial. Cuando se recogían las pasas se bailaban también variantes del fandango. En la fiesta del vino todavía suele bailar algún abuelete… También por las matanzas se han hecho fiestas. Se freían las asaduras del cerdo, y la gente comía y bebía vino. Se hacían fiestas a medida que se le iba descuartizando al animal, fiestas de verdiales, fandangos, etc. Pero ya no hay casi nadie que pueda atestiguar todo esto.

TS: ¿Algo permanecerá vivo en algún lugar?
JN: Bueno, sí, en aldeas muy pequeñas, en cortijadas…

TS: ¿El folclore está inevitablemente ligado a la vida rural, al campo?
JN: Claro. Es algo propio del campo. Para la matanza, por ejemplo, la gente se avisaba de un cortijo a otro. Todos colaboraban porque todos sabían hacer algo, y en sus ratos de pausa montaban una juerga. Por eso la matanza se hacía los sábados, para descansar al día siguiente tras una noche de juerga. Ahora, en los pueblos, no lo pueden hacer. No se llaman para ayudarse. Cada uno mata por su cuenta.

TS: ¿Aún se celebran fiestas de la matanza?
JN: La última vez que vi una fiesta de matanza fue hace 14 años. En una choza en Álora. Y estuve bailando con abuelillas.

TS: ¿Las señoras mayores bailan?
JN: ¡No se puede imaginar!

TS: ¿Cómo hace para localizar el rastro de alguna tradición?
JN: Hay que ir donde la gente mayor del campo. Se trata normalmente de gente sin estudios que no tienen por escrito lo que cantaban y bailaban y que se muestran reacias, un poco avergonzadas, de contar lo que hacían. Es difícil sacarles información pero reconozco que tengo mucha habilidad para ello.

TS: ¿Las danzas siempre estaban relacionadas con las faenas del campo?
JN: No, hay también muchas danzas rituales.

TS: ¿Y religiosas?
JN: Rituales y religiosas. En la Campiña cordobesa existe la danza de los locos o las locadas, como se las conoce popularmente, en honor de los Santos Inocentes. En Guaro, en la provincia de Málaga, hay una danza femenina en honor de la Virgen de la Inmaculada. Están los danzantes de San Isidro, en Fuente-Tójar, y los de San Benito, también en Córdoba (éstos últimos danzan con espadas primitivas). Y en la provincia de Huelva hay muchas danzas masculinas de arcos de flores, espadas, garrotes o, simplemente, castañuelas, como la danza de Nuestra Señora de la Tórtola, en Hinojales. Estas danzas se han conservado mucho más vivas que las relacionadas con las faenas agrícolas, al realizarse en las fiestas de los pueblos.

TS: ¿Cuál es el baile más importante?
JN: El baile predominante en España es la jota. Todas las regiones tienen jota. El segundo en importancia es el fandango, que es una derivación de la jota y que también existe casi en todas las zonas.

TS: ¿Qué diferencia hay entre una jota y un fandango?
JN: Los pasos vienen a ser iguales, tienen la misma raíz, pero se interpretan de distinta forma según el sentimiento del pueblo. La jota, la seguidilla, el fandango, tienen el mismo aire.

TS: ¿Dónde está el origen de estos bailes?
JN: Todo viene de las raíces árabes, al menos en lo que conocemos. Los árabes, por otra parte, son lo que han conservado mejor estas tradiciones.

TS: El fandango se asocia con Andalucía.
JN: ¡Qué va! ¡El fandango es Galicia! Es que el fandango flamenco, que supongo que es a lo que se refiere, ya es una derivación, una forma de ejecutar virtuosa: puedes cantar o bailar un fandango, un verdial, en flamenco, y no tiene nada que ver, aunque mantenga su métrica, como la métrica poética de la seguidilla: siete, cinco, siete, cinco, y el estrambote. La sevillana es una seguidilla abolerada y, últimamente, aflamencada. El fandango normalmente es de seis estrofas de las que se repiten dos o incluso tres. Aquí, en Málaga, hay fandangos que son quintillas, aunque es raro.

TS: ¿Qué otras danzas se bailan, o bailaban, en Andalucía?
JN: En Andalucía actualmente hay poco repertorio. El vito o la reja… Los que conoce la mayor parte de la gente son bailes ya pasados por la academia, por la coreografía de un maestro. No son populares, aunque tengan una raíz popular. Ocurre que cuando llega a algún sitio un grupo de Andalucía bailando de refajo y bailando lo que el pueblo baila, se queda la gente alucinada, preguntándose: ¿esto qué es? Y muchas veces, de entrada, lo rechazan (luego les encanta). Cuando en realidad eso es lo auténtico, lo que realmente vestía y bailaba el pueblo (no los profesionales). Hay ciertas diferencias en cuanto a provincias -Andalucía es muy grande- y hoy no está muy apoyada políticamente la diversidad intrarregional. Hablando en términos muy generales, y por resaltar lo más característico de cada una de ellas, el dominio del verdial es Málaga. Un poco más arriba de la Venta el Túnel, muy cerca de la capital, está el partido de Verdiales —con la Virgen de Los Dolores, patrona de Los Verdiales— que da nombre al baile. Granada es zona de fandango. En La Alpujarra tenemos los trovos. En Almería, en la zona norte, la zona de los Vélez, está la parranda, la cuadrilla. La parranda es un tipo de seguidilla. Jaén es el país de los boleros. Del siglo XVIII. Es donde más boleros hay, aunque también tienen fandangos, malagueñas, pero la reina es el bolero. Córdoba es el dominio de la jota, o jotilla, y en el sur hay también muchos fandangos cortijeros. Cádiz es zona de chacarrá si bien hoy en día más aflamencada. Huelva es el fandango y alguna jotilla. Sevilla tiene seguidilla y alguna jotilla. Pero Sevilla no ha recogido ni conservado prácticamente nada y todo lo tiene abolerado y aflamencado (muy cribado ya por la academia).

TS: ¿El folclore andaluz es singular en España?
JN: Más o menos es el mismo que el del resto de España. La jota manchega tiene mucho en común con la de Córdoba o Jaén. Y a su vez la de Jaén es parecida a la de Albacete, y la de Córdoba a la de Badajoz. La forma de cantarse la jota de Alcaracejos (Córdoba) es muy parecida a la extremeña.

TS: ¿El flamenco es la gran aportación del folclore andaluz?
JN: Este es un asunto difícil porque en Andalucía tenemos un gran problema con el flamenco. Han conseguido hacer creer que el flamenco es nuestro folclore, pero es sólo una parte, y no la más pura ni espontánea. De hecho, yo no he encontrado nunca un traje de flamenca, de faralaes. Ni en Sevilla. He encontrado trajes que podrían llevar algún volante, pero no eran trajes de flamenca, eran trajes de usanza. Otro caso: en Córdoba capital se creen que el traje de cordobesa es el traje de amazona. Y eso lo han usado las señoritas de clase alta para ir a caballo, simplemente. No se encontraba en el pueblo. El auténtico traje típico de la capital cordobesa lo tenemos en multitud de imágenes que nadie se ha preocupado de mirar. He encontrado en los pueblos distintos tipos de moños y muchos cobijos o pañoletas para cubrir la parte del cuello. También muchos refajos. Y justo estas cosas son las que no aparecen cuando se representa un supuesto tipo andaluz.

TS: En su tierra, Málaga, que conoce muy bien, ¿la gente muestra interés por estas tradiciones folclóricas?
JN: En Ronda ya se dedican exclusivamente al flamenco. Han tenido siempre la Caja de Ahorros subvencionando todos los viajes de los coros y danzas, centrados en el flamenco… En Tolox sí que hay un grupo de folclore interesado, pero el Ayuntamiento no puede subvencionar tantas actividades. Además Tolox ha conservado los bailes de Carnaval, que consistían en un baile en la plaza: la rueda. Era la forma de ligar, de comunicarse. Paco Corchete, que ha muerto con 107 años, bailaba un baile de rueda que ya no lo conocía nadie desde hace 80 años. En la fiesta las mujeres deben llevar un mandil nuevo. Ellas iban delante de los hombres para el cortejo, de dos en dos: dos mujeres, dos hombres… Con un gran desfile de mandiles. En Tolox hemos encontrado incluso vestimentas árabes. La gente del barrio alto parecen marroquíes. Es el único pueblo andaluz que conserva el grito bereber, que ahora se hace en carnavales. Alguien canta una copla a una mujer y cuando el resto sabe a quién va dirigida, gritan. También tocan las palmas como los árabes, no cruzando las manos, sino en paralelo y moviéndolas de un lado a otro.

TS: En Tolox se celebra una famosa cencerrada.
JN: Sí, viene de cuando se rebelaron los moriscos. El objetivo inicial era hacer ruido y parecer un ejército grande. Se sigue celebrando el 8 de diciembre.

TS: Por lo que dice, Tolox tiene un singular interés.
JN: Efectivamente, pero en la propia Sierra de las Nieves no es Tolox sino Istán el pueblo que más danzas tiene.

TS: En cuanto a la indumentaria, ¿se localiza mucho material?
JN: Sólo con delantales se podría hacer una gran exposición. De antiguos mandiles labrados. No hay dos iguales. Resulta sorprendente lo que se puede encontrar. En La Puebla de Guzmán (Huelva) tienen un traje de mujer que parece irlandés, de la Irlanda medieval. Con sombrero de media copa, trajes sobrios…

TS: ¿Dónde trabaja?
JN: En Villanueva de Algaidas y en Villanueva de Tapia. Es el dominio del chacarrá o el fandango cortijero, que se localiza en la confluencia de tres provincias (Málaga, Granada y Córdoba). Aún se baila, aunque ya no hay fiestas de fandango. Soy monitor folclorista, no profesor de baile ni coreógrafo. Eso es otra cosa, no es folclore. El folclore no puede crear, inventar; solo reproducir lo más fielmente posible lo que es tradicional. También estoy en Tolox y tengo en La Joya una panda de verdiales, todos familia. Son gentes mayores, que bailan cuando se calientan un poquillo.

TS: ¿No ha buscado apoyos para su labor de investigación y difusión del folclore?
JN: ¡Por supuesto! He intentado que se cree una escuela municipal para recuperar las danzas, pero las administraciones públicas no están interesadas. En Córdoba la situación es para llorar. Hay mil cosas aún vivas que se van a perder porque no interesan a nadie. Jaén apoya más. El grupo antiguo de coros y danzas ha hecho una labor grande pero ahora se ha estancado. La Diputación de Málaga, por cierto, dice que ya hay suficientes academias de baile. Hay una tremenda confusión de conceptos. En Andalucía no se sabe lo que es el folclore.

(Tierra Sur. Primavera 2005. p. 42-44)

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