0195. Fiestas afines: el son huasteco

Concierto de son huasteco (San Luis de Potosí)

Nos ha surgido un magnífico colaborador del Diccionario, que desde Sevilla se ha ofrecido a compartir sus conocimientos sobre la música tradicional española y de todo el mundo.

 

Se trata de un estudiante en Sevilla que atiende al nombre de Tusitala, y al que La Porverita le pidió que empezara por escribir, e ilustrar con música, la “malagueña” americana, a título de prueba.

El resultado es tan bueno, que creo que voy a poner en sus manos la sección de FIESTAS AFINES. Cuando termine la serie dedicada al son de México, si mantiene este nivel de calidad, le encomiendo, si él quiere, la sección completa, y que escriba de lo que quiera.

Bueno, os dejo con la primera parte del son de México y los fandangos.


El son de México y los fandangos

Primera parte.

El son huasteco

1. Introducción

La música tradicional española es un componente esencial de todo el folklore latinoamericano, sin distinción de etnia y clase social. Incluso en las danzas rituales indígenas podemos encontrar ritmos, instrumentos y motivos que proceden del folklore español. Pero donde esta influencia se nota más claramente es, por supuesto, en los bailes campesinos de origen mestizo. Y un claro ejemplo de ello son los bailes que en muchas regiones de México se conocen como sones, chilenas, gustos, jarabes o fandangos.

No es nada fácil definir qué es un son. Ya en los siglos XVII y XVIII se hablaba de “sonecitos de la tierra” y “sonecitos del país”, y aparecen descripciones de estos bailes, sobre todo en la zona de Veracruz, en documentos de la Iglesia y gobernadores locales que intentaban prohibirlos, describiéndolos como licenciosos y propios de mestizos y negros.

Desde la independencia empezaron a considerarse como música nacional y comenzaron a aparecer algunas de sus manifestaciones en los teatros y las ciudades. Sobre todo, a principios del siglo XX, con la aparición de la radio, se hizo muy popular una de sus variedades regionales, el son del sur de Jalisco, que es el origen de los actuales mariachis, de los que a su vez surgió la canción ranchera. También se hizo muy famoso el son jarocho, procedente de la costa de Veracruz, y la mezcla de estos dos estilos junto con influencias de la música urbana es, a grandes rasgos, el estereotipo habitual que asociamos con música mexicana. Pero en algunas regiones, a veces con mucha fuerza, se suelen cantar aún los sones locales a la vieja usanza.

El son no es más que una forma de llamar a cualquier baile tradicional, no ritual aunque hay excepciones, generalmente con estrofas intercambiables de cuatro o cinco versos, como en nuestros bailes aunque a veces aparece también la poesía improvisada en décimas o quintillas de una forma parecida a la de los troveros murcianos o alpujarreños. Casi siempre está acompañado por instrumentos de cuerda de la familia de la guitarra a los que se le suelen añadir arpas, violines y, tal vez, alguna percusión. La mayoría suelen estar en el mismo ritmo, en un compás muy característico del folklore latinoamericano que mezcla los compases de seis por ocho y de tres por cuatro.

Pero hasta esta definición tan restringida tiene multitud de excepciones. El llamado son istmeño, de la zona del istmo de Tehuantepec, ya no es un baile sino una canción para escuchar. Y en otras zonas del sur han desaparecido los instrumentos de cuerda locales y los sones los tocan bandas de música en las fiestas. También se dan casos de sones que se han adaptado a lenguas indígenas.

En cada región hay muchos sones con un título determinado (la bamba, la malagueña, la india, el fandanguito, etc.) con los que se asocian algunas melodías y ritmos. También hay algunas coplas más apropiadas a determinados sones.

Hay multitud de denominaciones locales, y hay tantos sones en cada una que me voy a limitar a presentar unos cuantos de los ejemplos que están más relacionados con el fandango español que son el fandanguito, la petenera y la malagueña, que son en los que es más evidente la influencia andaluza, pero hay muchos más sones que, sin llamarse así, son muy parecidos.

Antes de nada hay que aclarar que en gran parte del México rural fandango quiere decir simplemente fiesta, y fandango de tarima o de tabla es cualquier baile que se hace zapateando sobre una superficie de madera. Otra cosa es que un determinado son en algunas regiones se llama “el fandanguito”.

En la mayoría de las regiones mexicanas los sones llamados fandanguito, malagueña o petenera suelen ser bastante tristes y melancólicos, a diferencia de otros. Esto es especialmente evidente en la malagueña y la petenera, en las que suelen emplearse estrofas que hacen referencia a una mujer fatal, por cuya causa el hombre pierde la cordura. No soy experto en flamenco pero tengo entendido que algo parecido pasa en nuestra petenera. Así oímos en una malagueña de la región de Tierra Caliente:

Malagueña de mi vida
¿dime quién te bautizó?
¿quién te puso malagueña
pa que me perdiera yo?

o en la petenera jarocha

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que tú te habías de llamar
la perdición de los hombres.

En las malagueñas del este de Andalucía, Murcia y sur de Albacete dicen por ejemplo:

Malagueña malagueña
y siempre malagueñando
yo por una malagueña
vivo en el mundo penando.

Es muy curioso que en la petenera huasteca siempre se suelen cantar estrofas con referencia al mar, los marineros o las sirenas.

2. El huapango o son huasteco

El son huasteco, TAMBIÉN LLAMADO HUAPANGO, es la música característica de una región muy amplia del nordeste de México conocida como Huasteca. Incluye parte de los estados de Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro, Tamaulipas y Puebla. Es una de las zonas donde el son está más vivo, celebrándose regularmente encuentros de huapangueros. El huapango es bailable pero más lento y melancólico que el son de otras regiones, y se puede cantar también como canción de cantina o para divertirse. Como en otros tipos de sones, la única percusión es el zapateado de los bailadores sobre una tarima. Casi siempre es interpretado por un trío de músicos que tocan la quinta huapanguera, que es una guitarra de cinco cuerdas y de caja de resonancia más grande que la española, la jarana, una guitarrilla de cinco cuerdas más pequeña, y el violín.

Se notan las influencias indígenas más que en otros tipos de sones. Hay varios que pueden estar en lengua nahuatl, sobre todo los reservados a fiestas religiosas y bodas. La forma de cantar es muy característica. Utilizan mucho la voz de falsete, y he leído en los libretos de algunos Cds que esto se atribuye a influencia andaluza! Yo creo que más bien es una supervivencia indígena.

He elegido como primer ejemplo un fandanguito interpretado por el Trío Huasteco del Pánuco, que está compuesto por Aureliano Horta al violín, Leonardo Reyes a la jarana y Mario González a la guitarra huapanguera. Me gusta especialmente, por las improvisaciones del violinista, que a veces toca punteando con los dedos. Pánuco es una ciudad del norte del estado de Veracruz.

En las orillas del mar
te contemplaba yo a solas
me puse a considerar
dichosas de aquellas olas
no saben lo que es amar.

Lloraba y me entristecía
cual sería mi triste suerte
por fin se ha llegado el día
con amor nada se siente
adiós esperanza mía.

No quisiera ni acordarme
que fuiste mi consentida
no tendrás qué reprocharme,
¿para qué me diste vida
si pronto había de olvidarme?

Como pájaro o triste ave
que anda ausente de su nido,
el hombre que no precabe
siempre vive sumergido
y nada del mundo sabe.


El segundo ejemplo es una malagueña. También procede de Pánuco, y está cantada por una señora apodada “la güera maza”, no sé su verdadero nombre. Le acompaña a pesar de su avanzada edad don Inocencio Zaval, apodado el “treinta meses”, que además toca el violín. La letra es un poco especial porque la cantadora, no sé si improvisando o no, encadena unas coplas con otras, y más bien parece una canción. Este parece ser el origen rural de la popular canción “malagueña salerosa”.

En la tarde cuando ponga
Dios el término a mi vida
me sumergiré en la sombra
heredándote mi vida
aunque el Creador se interponga.

Aunque el creador se interponga
no he de dejar de quererte
si Dios me manda la muerte
te ha de perseguir mi sombra
para no dejar de verte.

Me acuerdo y me acordaré
mi vida, de tu sonrisa
cuando me amaste te amé
yo te hice muchas caricias
y hasta tus labios besé.

Malagueña salerosa
besar tus labios quisiera
y decirte niña hermosa
que eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.


Por último la petenera, no conozco al trío, en el disco viene sólo el nombre genérico de “cantores de la huasteca”. NO me acaba de gustar que el violín pise tanto las voces, hubiera preferido otra versión que procede más antigua que no tengo ahora mismo a mano. Pero por lo menos no sigue la moda de los grupos actuales que cantan la petenera a varias voces.

Dicen que el agua salada
tiene varias ¿seducciones?
la cosa está comprobada
que mantiene a tiburones
y a la sirena encantada.

La sirena de la mar
me dicen que es muy bonita
yo la quisiera encontrar
y besarle su boquita
pero como es animal
no se puede naditita.

Pescador y marinero
ha sido mi profesión
conozco el pescado mero
también conozco el salmón
ése no cae con anzuelo
solamente con arpón.

Seis años y un mes anduve
de marinero en el mar
por una razón que tuve
que tú te ibas a embarcar
en una preciosa nube
de las que bajan al mar.


Y no me resisto a terminar con otro fandanguito más antiguo. El sonido no es muy bueno porque procede de un programa de radio de los años 60, pero creo que es muy divertido y está cantado con mucha fuerza. Además lleva incluida una “bomba”. En algunas partes de España, que yo sepa por ejemplo en Extremadura, y también en México, se acostumbraba en algunos bailes que de repente parara la música al grito de ¡bomba! o ¡alto la música! y el bailador debía improvisar una copla, generalmente dedicada a su dama aunque no es este el caso. No sé nada de los intérpretes, salvo que el que llaman Querreque se llama en realidad Pedro Rosas y es de la zona de san Luis Potosí.

De la letra sólo entiendo la primera estrofa:

Fandanguito encantador
tú eres el rey de los sones
cuando los oigo tocar
se alegran los corazones
que dan ganas de bailar.


Los tres primeros ejemplos son de la antología del son de México que publicó discos Corason hace muchos años con grabaciones de campo de Baruch Lieberman y Alberto Llerenas. El último procede del disco “homenaje a Raúl Hellmer, 30 aniversario luctuoso”.
Raúl Hellmer fue un etnomusicólogo estadounidense afincado en México que, además de recorrer todo el país grabando su música tradicional, presentó en los años 60 un programa de radio sobre folklore mexicano. Este disco editado por el INI (Instituto Nacional Indigenista) contiene programas de radio y es de lo poquísimo editado en cd sobre su labor. Gracias a la bloguera Ana Xid por compartirlo.

Tusitala (Sevilla, 31 de marzo, 2011)


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2 respuestas a 0195. Fiestas afines: el son huasteco

  1. tusitala dijo:

    Buenas,

    acabo de descubrir un error. Al hablar del istmo me refería al de Tehuantepec, no al de Panamá, que por supuesto no está en México.
    Un saludo.

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