0206. Todos querían llamarse Andrés

Abrimos con ésta, una nueva serie en el Diccionario para todas aquellas pequeñas historias de la Fiesta que no tienen cabida en la Historia con mayúscula, pero que conviene no echar en el olvido: la parte humana -alegre o triste- sobre la que se construye la Fiesta de Verdiales.

Procede de un comentario anónimo que tiene que ver con las clases de verdiales que se imparten en la Venta Álvaro.



(Los abuelos -niños ellos mismos- de estos otros niños que hoy juegan a escenificar la fiesta de verdiales, su aprendizaje y las bromas que se incluyen en el ritual festivo)


Hola de nuevo, no soy muy asiduo al ordenador pero me han contado algo que creo que debéis saber.

Desde hace varios meses la nietecilla de un amigo mío asiste regularmente a las clases de verdiales que se están impartiendo en La Venta Álvaro, donde está la Peña de los Verdiales de los Montes. Ayer por la tarde mientras paseaban por el parque se le ocurrió que podían jugar a la fiesta para distraer a los chiquillos que ya llevaban un buen rato aburridos y peleando entre ellos, bendita medicina, de inmediato le dijeron abuelo: tú serás el alcalde. Le hicieron que cortara una ramita de un árbol para dirigir a la “PANDILLA”. Cada uno se improvisó de algún objeto que simulase su instrumento, el del violín con una botella de agua y un palo, el de la guitarra le pidió una raqueta de tenis a otro niño que no estaba jugando y le animó a acompañarlo con la otra, el del pandero se hizo con una carpeta mientras que los platillos no eran mas que piedras improvisadas. Comenzaron entonces a discutir entre ellos por que todos querían llamarse Andrés, incluso las niñas. Así que para poner orden el alcalde se vió obligado a decirles que él era Andrés sin tener ni idea de que iba aquello (luego supo que era su maestro).

Empezaron a hacer ruido simulando que estaban tocando verdiales y la gente comenzó a curiosear alrededor de ellos gritandoles algún que otro ¡OLE! e incluso aplaudiendoles. Cuando de pronto uno de ellos cogió una botella de agua les dijo a los demás que aquello no era fiesta pa ná y que a la fiesta había que echarle… no estoy seguro de que palabra empleó, pero de lo que sí estoy seguro es de que los puso a todos chorreando.
(Comentado por un Anónimo)


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Una respuesta a 0206. Todos querían llamarse Andrés

  1. Porverita dijo:

    He recibido un correo con una aclaración a lo que la Porverita había malinterpretado. En una primera lectura entendí que un “aguafiestas” había rociado con agua a los fiestercillos. Pero no, fue uno de ellos, imitando a su maestro, que el sábado, que dieron las clases en la Ermita, los amenazaba, en broma, con rociarlos cuando la fiesta no salía lo bien que tenía que sonar. Quien me lo ha contado, dice que surtía efecto, y que el maestro nunca mojaba a los alumnos, sino que dirigía el spray contra la pared. ¡Excelente manera de tenerlos motivados y divertidos!

    Los niños, continuando con el simulacro de fiesta y clase, en el Parque, escenificaron también aquello que tanto les divertía, solo que… lo que en el maestro era amago, en el juego a la clase de verdiales se convirtió en rociada completa, ya que la fiesta no sonaba como tenía que sonar. Seguro que se rieron mucho de la ocurrencia.

    El caso es que veo que los niños además de aprender a tocar y a echar un rato de fiesta, han captado perfectamente lo que era el ambiente festivo y de bromas que solían acompañar la fiesta de los “viejos”. La transmisión de la tradición está asegurada.

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