0211. La fiesta vivida, por Pepe Portillo (2ª parte)


Pepe Portillo “Calderón” La Fiesta vivida. 2ª parte (1979-1981)

1979

Bueno, pues fue pasando el tiempo y nosotros a lo nuestro, que era aprender a tocar y a bailar; y mientras tanto, llegaron las Pascuas de 1979 y, claro, nosotros queríamos fiesta. Entonces, un 25 de diciembre de ese mismo año, mi padre nos llevó por la noche a la Venta Garrido, donde estaba la panda 1ª del Puerto de la Torre, y en donde estuvimos hasta por la mañana. Aquella noche bailé tres veces la bandera y mi hermano otras tres, pero, claro, mi padre nos tuvo que rifar: si no, nada de nada. También se me cayó una vez la bandera, todo sea dicho. Aquella noche me sirvió de experiencia y para poner aún más empeño en ello.

Todas las tardes, al piso, a seguir ensayando, y sin nadie que nos dijera nada: sólo lo que veíamos en la fiesta era nuestra referencia y el ejemplo a seguir. Mi hermano fue dejando la bandera y se pegó más al pandero y a los platillos. Yo me incliné más por la bandera, aunque lo demás, no lo dejaba.

Luego, a mi hermana le fue picando el gusanillo de la fiesta y se puso con una silla a aprender a bailar, cosa que yo hice con ella, también.


1980

Nosotros seguíamos a lo nuestro, como ya he dicho anteriormente, y llegando el verano de 1980, se celebró un Festival de Verdiales en el pueblo de Mijas. Mi padre no iba, pero se encontró con Rafael Calderón y de lo dijo, y, claro… ¡a ver quien le decía a los niños que no íbamos! Así que el sábado por la tarde… ¡qué mejor cosa que irse a Mijas a ver un festival de verdiales. Estuvimos allí, viendo fiesta, hasta por la madrugada, pues ya sabe: después del festival, pues a tocar hasta que se quiera, y claro, yo seguía aportando datos para poder aprender más.


1981

Con la llegada del buen tiempo, y más o menos por el mes de mayo, se celebró un Concurso en la plaza de toros de la Malagueta. Mi padre se enteró y nos dijo que si queríamos ir. ¡Vaya pregunta! Me dijo que me llevara la bandera para que el primo Rafael me viera, y yo… ¡loquito! Antes de subir al escenario echaron una lucha de fiesta donde bailé la bandera por primera vez con la panda de Calderón. Ahí fue la primera vez que me pasé la bandera por la espalda –ya sabéis, la vuelta por detrás. Cuando terminé de bailar, se me acercó Rafael Calderón riéndose, y me dijo que si quería subir con él al escenario. Yo de momento, dije que sí. Al que no le hizo nada de gracia fue al abanderado que llevaba, que era Pepe de Solier, un maestro del baile de bandera, estilo Montes. Total, subimos al escenario los dos y bailamos cada uno con su estilo. Cuando bajé del escenario me sentía tan importante y tenía una sensación tan agradable en mi cuerpo, imposible de describir.

Cuando terminó todo y con el primer premio en el bolsillo, nos fuimos a Campanillas, a casa de Salvador y Antonia, tíos de Antonio “Chachafí” y padres de Antonio Calderón, donde estuvimos hasta por la mañana, y a eso de las 8, más o menos, le dije a mi madre que quería cantar. Mi madre se lo dijo a mi padre, y mi padre me dijo: “¿Tú te vas a arreglar cantando?” Yo le dije que sí, pues llevaba toda la noche pegado a la fiesta y cada vez que cantaba un fiestero, yo le iba siguiendo para mí. Bueno, mi padre se lo dijo a Rafael, y cuando arrancó la fiesta, Rafael me señaló con la varilla y… ¡vaya pellizco que se me metió en el estómago! Empecé a cantar, y cuando terminé, mi padre me abrazó y todos se reían. Me di cuenta de que me había salido bien; sólo una pega, que cantaba por Almogía. Nos fuimos corriendo de allí y con todo el dolor de mi corazón, pues teníamos que ir al Valle de Abdalajís a una comunión. Para mí, todo un sueño. Os lo digo de verdad.

Llegado el mes de junio de 1981, más o menos, se formó la panda de las Pitas, y ellos contaron con nosotros: con mi hermano y conmigo para ir de platilleros, y encantado de la vida. Mi hermano dejó a un lado la bandera y se pegó a los platillos y el pandero. Yo dejé algo el pandero y seguía con lo demás, que no era poco.

Llegando el mes de agosto de 1981 y próximo al Concurso del Rincón de la Victoria, Rafael Calderón me dijo que si quería ir con él bailando la bandera. ¡Imaginaos! ¡Pues claro! Mi hermano se quedó con las Pitas y yo me fui con Rafael. A mi hermano no le hizo mucha gracia, y mucho menos cuando yo me reía de él y de su panda. Ya sabéis, cosa de hermanos. Ganamos el primer premio y las Pitas quedaron los terceros por la cola, pues se equivocaron en el escenario cuando hicieron la “paraílla”. Anda, que el tostón que le di a mi hermano fue chico, hasta el punto que mi padre me regañó.

En el mes de septiembre, mas o menos, hubo una fiesta en un cortijo de Churriana que se llama Las Carmelitas, donde Rafael llevó una fiesta, donde contaba con mi hermano y conmigo. Allí conocí, por primera vez, a Luis Gámez. La verdad, de escucharlo en cinta a verlo en persona, me causaba un respeto tremendo. Y también conocí a la que hoy es mi mujer. Allí le pregunté que si sabía lo que era un “choque”. Ella me dijo que sí. Ya sabéis, me iba acercando poco a poco. En fin, otra noche para no olvidar nunca en la vida.

Próximo a las pascuas de 1981 murió el “maestro” Joaquín Palomo, dejando un vacío en el corazón de la fiesta imposible de tapar, y de las personas que lo conocieron, sabiendo que aquel toque de violín se perdió para siempre, pues era insustituible. A la salida del entierro, Rafael Calderón reunió a sus fiesteros y del dijo que iban a salir esas pascuas. Unos decían que había tiempo de salir y otros no opinaban. En fin, llagadas las pascuas, la panda de Rafael Calderón salió aquel año llevando en el violín de Miguel “el Zorrito” y el de Antonio “el Tarará” un lazo negro; igualmente, las cuatro guitarras, en señal de respeto al “maestro”. Un gesto que gustó a todo el mundo y que todo el mundo entendió. Yo hoy en día, reconozco lo que hicieron y se me llenan los ojos de lágrimas. Me imagino que para aquellos hombres, aquellas pascuas no fueron iguales.

Mi padre nos llevó aquel año a la venta Garrido donde se encontraba la panda de Rafael Calderón. Yo no me di cuenta del detalle de las guitarras y el violín, pues lo único que quería era fiesta y bailar la bandera, que lo hice también aquella noche. Calderón se me acercó y me dijo: “te vienes al año que viene de tonto conmigo”. Yo, ya ves, le dije que sí. Aquella noche escuché cantar por primera vez a Antonio “el Cabra”. Me maravilló, como lo sigue haciendo hoy en día cuando lo escucho; era muy joven. Mi hermano se soltó bastante con el pandero, pues se dedicó en cuerpo y alma a él.


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3 respuestas a 0211. La fiesta vivida, por Pepe Portillo (2ª parte)

  1. OTRO dijo:

    Que bueno sería que los fiesteros tomasen por norma el dejarnos constancia de sus vivencias en la Fiesta como tan acertadamente hace Pepe Portillo acompañandolas de datos, fechas y anécdotas interesantísimas.
    Al leer como sorprendió a su padre la primera vez que pidió cantar, me acuerdo que hace dos o tres años en Benagalbón se repetía la historia. Vi que su hija Marina, para mi sorpresa, se lanzaba a cantar ; cuando se lo comenté y la oyó, al pronto no dijo nada, los ojos le brillaron y su mirada lo decía todo. La historia seguía repitiéndose. Seguro que fue una noche especial y la tradición continúa a través de la sangre.

    • Porverita dijo:

      Pues sí. La tradición está asegurada por los niños y jóvenes que siguen mirándose en sus mayores. ¡Olé por Pepe, y por Marina! Y también por su madre, que seguro que también ha puesto “pedegree” fiestero.

      Salud, atento seguidor.

  2. pues si otro,ahora comprendo lo que mi padre sentia cuando empesemos en la fiesta,pues me doy cuenta que yo mismo estoy viviendo esas misma sensasiones,y son cosas que no se pueden explicar,me acuerdo cuando mi padre bailo por primera vez con mi hermana,y ahora lo hago yo con mi hija,hay te das cuenta tambien de como pasa el tiempo,pero asi es la vida lo unico que ya me e propuesto es disfrutar de la fiesta que tanto me gusta y que llevo por dentro,gracias por leer esto,y gracias alas personas que me isitaron a escribirlo como Agustin y Porverita pepe calderon.

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