0259. Raíces y costumbres verdialeras. 3 (Alonso Martín)

Vamos hoy, con otra entrega de lo escrito por el fiestero de La Higuera, Alonso Martín Ruiz.

Aquí menciona algo que se da por sabido, pero que es preciso recordar. Los fiesteros -o verdialeros como los llama él- de antaño no tenían nada fácil lo de aprender a tocar, a cantar o a bailar. Hoy tienen escuelas, discos, vídeos y… montones de ocasiones para escuchar y ver fiestas de veteranos.

Cuando Alonso, sus hermanos y sus parientes empezaron a “tocar fiesta” en la zona de Jeva, hay que hacerse cargo de que no había más grabación de la modalidad de Almogía que ese EP de la panda de Los Moras del año 1966. Lo demás, lo tuvieron que aprender de ver a las pandas tocar en las fiestas camperas y familiares que menciona nuestro autor. Ya funcionaba en los años 70s -pero no grabaron hasta más tarde- una panda de Almogía, con Juan Vargas el Capitán, Salvador Padilla, Salvador el Canasto, Vicente “el Negocio”, el Veneno, el Morilla y otros.

Pioneros en la zona de Jeva, estos hermanos Martín y allegados fueron los segundos en grabar un disco del estilo de Almogía, en 1980, después de aquellos “Porras” de Los Mora, con Juanillo Lucas al cante, y con invitados como Pepe Mayo. Se trata de la Panda Antigua de Jeva.

La Porverita, cuando descubrió los verdiales, quedó deslumbrada por el violín de Paco Reina de 2009 en la Fiesta Mayor de Verdiales, y por las voces de los hermanos Canasto -Miguel “el Liro” y Salvoro Luque- en el disco de 1985 de la panda de El Maestro de las Castañetas, y este otro disco de la panda de Jeva, quedó -entonces- un poco arrinconado, pues me parecía “muy primitivo”.

Ahora, en agosto de 2011, estoy disfrutanto de lo lindo con este primitivo y autodidacta disco de 1980, entendiendo, por primera vez, que no tenga la perfección instrumental de las pandas de Almogía del siglo XXI. Sin embargo, el cante no tiene nada que envidiar a las pandas actuales. Todo lo contrario. Ese cante de Juan Lucas, de Juan “Delgado” o de Francisca Gámez, no se encuentra hoy día.

Y es que… el toque y el baile se aprende, pero con la voz y el compás… se nace.

Panda Antigua de Jeva (1980):
1) “Tu garbo y tu bizarría“. Cantan: Juan Lucas, Juan “Delgado” (J.R. Pérez) y P. Martín (que supongo hermano de Alonso)

2) “Antequerita la Llana“. Cantan: Juan Delgado y Francisca Gámez


“Vuelvo a la diferencia de clases. El día de jeva, todo el mundo se unía para cantarle piropos a la Virgen por verdiales.

Esta unión y pasión que sintió el verdialero siempre se fue llevando a hijos como herencia y era muy difícil aprender en aquellos tiempos, porque todo había que aprenderlo de oído. Pongo de comparación cuando un hambriento se encuentra una cartera con dinero y la devuelve a su dueño, tiene el doble de sacrificio que si este mismo hecho lo efectúa una persona de buena situación económica, así pasó con el verdialero, en esto no existió conservatorio ni academia, que lo explicara, hoy gracias al disco cualquier niño de poca edad si se aficiona, en un año puede bailar o tocar cualquier instrumento bien. Tengo que volver a recordar, referente a la pasión que se transmitió en aquellas familias verdialeras que hoy sigue. Si nos acercamos a cualquier verdialero de las pandas infantiles existentes, nos encontramos que tienen sangre de verdialeros, aunque existan academias con mucho interés en promocionar que además son gratuitas, el verdial sigue siendo afición heredada en el noventa por ciento de los casos.

Volviendo a las raíces y costumbres, hay que seguir insistiendo que el verdial se conservó en el corazón de nuestra provincia, (intentaré demostrarlo en un árbol que en sus ramas hable de lugares en zonas rurales que supieron mantenerlo).

Fue alegría y diversión en aquellas bodas llamadas de carne, que duraban tres días, e incluso en Comares creo que eran de una semana. En bautizos, en noches largas de invierno cuando los vecinos hacían pleita, cuanto antes se gastaran los cojollos, antes estarían los mozuelos y mozuelas juganda a “La Churripampa” y sobre todo tocando y bailando verdiales.

Cuando algún cortijero medía el amor de su hija, además según tradiciones muy controladas, por hectáreas de tierra. Surgía el amor secreto del ganadero o trillero, que bien con cantes de trilla o en la fiesta de San Juan le cantaría coplas como aquella de:

Manojito de claveles [sic] [también se escucha la copla con la palabra “alfileres”]
me parecen tus pestañas
y cada vez que me miras
me las clavas en el alma.

Y ella le contestaría con aquella de:

Mi mare me tiene dicho
que no abra los cristales
porque ronda mi ventana
uno de los verdiales.

Esto de los ventaneos surgía en amores que tenían prohibiciones de los padres, porque como es normal cuando eran conformes se abrían las puertas de par en par. (Perdón que me alargue queriendo hablar de costumbres).”
(Del libro “Raíces y costumbres verdialeras“, de Alonso Martín Ruiz. 1989)

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