0260. Raíces y costumbres verdialeras. 4 (Alonso Martín)

Cuarta entrega del librito de Alonso Martín, “Raíces y costumbres verdialeras” (1989)

Aquí es importante fijarse en la escasa comprensión que de la Fiesta de Verdiales se tenía en las propias zonas rurales -en los pueblos. La Fiesta, que era la manera de celebrar acontecimientos sociales, lo era de la población dispersa en cortijos y lagares, donde todo el mundo tocaba algo o bailaba y cantaba. Y la panda, sólo se formaba, por los Mayordomos en esta zona del estilo de Almogía, para salir por pascua y recaudar algo de dinero con las “rifas”

¡Muy mal se las tenían que ver las pandas antiguas para salir a recaudar y a rifar, en poblaciones que ahora son ejemplos de afición verdialera, como Almogía, Villanueva de la Concepción o Casabermeja. ¡Quién te ha visto y quién te ve! ¡Con la afición que muestan hoy en día!


“El verdial estaba presente cuando algún viudo se volvía a casar, entonces los ganaderos del contorno llevaban alambre de cencerras y estaban, si era necesario, toda la noche dando carreras y sonando las “esencerrás”. Cuando el viudo era inteligente, abría las puertas de su casa, invitaba a las gentes y mandaba por los fiesteros, y todo terminaba teliz; de lo contrario, repetían hasta tres noches y como no existía costumbre ni medios para viajar fuera, pues eran tres noches que el nuevo matrimonio no podía dormir, parece increible pero así de excesivas eran las costumbres campesinas.

El verdial también estuvo presente como mayor protagonista en las cantinas, de cañas y ramas de chopos que se construían para las fiestas de San Juan y Santiago. Para el verdialero era un entusiasmo coger las cintas o lazos que bordaban las mozuelas en las carreras de cintas a caballo, para luego llevarlas en el “sombrerillo” que solo lucía en la Navidad.

El verdial, cuando intentaba ser transmitido a sus pueblos más cercanos, tuvo serios problemas y en algunas ocasiones, rechazos. Las pandas, lo más que se alejaron fue a otras zonas rurales o a sus respectivas ermitas el día de los inocentes. Siempre llegaban por veredas y como era costumbre, tocando a compás de paseillo hasta alcanzar la misma puerta de la ermita.


Un par de ejemplos de pandas de Almogía y su toque de paseillo.
Primero la panda Coto Tres Hermanas en la Ermita de las Tres Cruces y luego diversas pandas en la Ermita de Jeva, el día de Navidad.



“José Rojas”, un abuelo del Barranco del Sol, recuerda que su abuelo, del mismo nombre, violinista, le contaba que en el año doce de este siglo [1912], tuvieron el acuerdo de ir a Casabermeja, y entraron a toque de paseillo, y fue tanta la extrañeza de los “mermejos” que de momento, los fanfarrones se pusieron de acuerdo, y en gran número, salieron a recibirlos y como no les gustó aquel tipo de música, les declararon la guerra. El mayordomo fue arrastrado y los demás, cada cual se escondió como pudo; desde La Torre Zambra, horas después, los llamaba el mayordomo con el caracol; Pepe Palomo que estaba subido en la rama de un árbol, escuchó decir a un sujeto, refiriéndose al violín: “Enciende el farol, que aquí está el que lleva el guarrillo

Cuenta Vicente Fernández “El Negocio” que Pepillo el Alemán, violinista, llevó una panda por primera vez a Almogía y pasó igual; cuando entró por calle Cristo, ya lo estaban esperando las fuerzas del orden para detenerlos: ¿quien eran ellos para llevar un escándalo a un pueblo, sin permiso de la autoridad?, le dijeron, y de eso, no hace muchos años.

Nicolás Moroso, gran panderero y cantaor del Barrio de Jeva, llevó una panda por primera vez a la feria de Villanueva de la Concepción, por los años sesenta, y cuenta que las gentes pasaban y miraban, pero nadie le ponía atención a la fiesta, hasta que al fin se le acercó una persona que los jaleó y los invitó, y decía… ¡Qué apañao es el Galleta”! Claro está, hacía poco que vivía en Villanueva, pues había venido del Barranco del Sol.

Está claro que el verdial era rechazado incluso por las gentes de sus propios pueblos, pues no se entendía. Queda claro que sobrevivió, gracias a la tenacidad del campesino.

A los Mayordomos les costaba un gran trabajo reunir a la panda porque para que una panda tuviera una buena noche de “Rifas”, que eran una especie de pujas que el que daba más, ponía los sombrerillos sobre su novia o hermana y bailaban, pues para que la panda tuviera aceptación, obligaban a una selección de fiesteros, que en el caso de Jeva, significaba que tenía que venir el violinista de las Habanas, los guitarreros de Chopo, el panderero de El Cerro, los platilleros de Jeva y Monterroso, y así sucesivamente; luego en Los Moras existía otra panda y pare usted de contar. Y en los Montes, un tanto de lo mismo; lo que sí existía en abundancia eran bailaoras y cantaores en todas las zonas”.
(Alonso Martín Ruiz “Raíces y costumbres verdialeras” 1989)


Panda de El Torcal (1989) Fiesta Mayor en San Cayetano.

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