0262. Raíces y costumbres verdialeras. 5 (Alonso Martín)

Capítulo 5 del librito de Alonso Martín Ruiz Raíces y costumbres verdialeras” (1989). Ahora, toca hacer un recorrido por las bromas -mejores o peores- que acompañaban siempre a la fiesta y a los fiesteros, y algunas anécdotas curiosas.

La Porverita, a veces, se queda en blanco, con los dichos malagueños, y no me puedo reir de las desgracias del “Largo Mayo” y su guitarra partida en dos, porque no tengo ni idea de que puede significar “echar una yueca”


“En las costumbres campesinas cuentan cosas que demuestran que el humor sano reinaba en cualquier fiesta, aunque en ocasiones rozara lo exagerado. Cuentan de un tal Siborea, vecino de la ermita de los Verdiales, que un día, cuando las pandas tocaban a la Virgen, era normal que todo el mundo subiera en caballerías y que amarraran en los árboles de alrededor. Pues cuando el cura empezó a decir la misa en latín, fue interrumpida porque Siborea soltó un burro que deseaba enamorar a una burra y que sueltos, formaron tal espectáculo que atropellaron el altar y los monaguillos. Creo que decía el cura… “¡Ya ha hecho Siborea una de las suyas!” En las de Jeva, una mañana fría del 28 de Diciembre, el párroco llamó a “La Golosa”, un joven colaborador que iba a hacer de monaguillo, mientras el cura adornaba la ermita y el altar, vio llegar a la puerta de la ermita una cría de cerditos y aclamó… “¡Padre, vaya gente que nos estamos juntantos, eh!”; al poco rato, llegaron las pandas y los cientos de vecinos, y el ambiente cambiaría. La noche anterior y en la Fuente La Higuera, Juan Venta y Juan Martín, tuvieron ganas de gastar bromas a los “tontos”. Juan Venta llegó a ofrecer hasta diez pesetas para que “Los Tontos” tocaran en lo alto de un chaparro, pero Juan Martín dio doce para que Juanico el del Tejar, Mayordomo de la Panda, se lavara los pies en la pila y dicen que por bajinies aclamaba… “¡Virgencita de Jeva, que no me tenga que lavar los pies!” Una vez al borde de la pila y ya sin calcetines le perdonaron, y pagaron la rifa, pero el susto se lo dieron.

En Comares, donde las fiestas duraban una semana, cuentan que “Malandingo“, después de una de esas largas fiestas bajó al campo y se encontró que su mujer estaba enferma, y se vio obligado a volver al pueblo a contarle al médico para que le recetara las medicinas, una vez compradas y cuando se disponía a marchar para su casa, pues vivía en Bonacho, se encontró con Hilario que le dijo: “Abájate del mulo y tomamos una copa“. Malandingo le expuso la prisa que tenía debido a la enfermedad de su mujer, pero Hilario insistió “¡venga, vamos a mandar por la guitarra!” y Malandingo dijo: “Bueno, vé, pero que sepas que más de tres días no estoy”.

En el Barrio de Jeva existía un tal Aguirre, buen trabajador, cuando cobraba la “vará” del trabajo, le decía a su mujer que tenía que bajar a Málaga a ver al doctor Almansa, y se montaba en el carro de Juan Corado y cuando se veía en Málaga, en vez de ir al médico, se las andaba de las posadas de calle Mármoles, a la calle Escamas o Muro de San Julián, cuando se quedaba sin un real, volvía a su casa, y cuando veía a su mujer decir adiós a los vecinos que pasaban por el camino, la insultaba y le pedía que no saliera de casa, pues los celos se lo comían. Pues bien, un cuñado ya sabía de todo esto, y en la fiesta de San Juan le cantó:

Vaya si eres embustero
que presumío y orgulloso
Vaya si eres Putañero
y en tu casa qué celoso.

Hoy día es un sacrificio para un verdialero poder tener una guitarra de artesanía y de ciprés porque es cara, y es la auténtica para el verdial, pero en aquellos tiempos, aún lo era más; había casos en que el mismo fiestero se la construía con madera de cajones de tabaco y las cuerdas se las ponía de tripa o acero que para varios días de toque como en la navidad, muchos acababan con las uñas comidas y echando sangre por los dedos. Cuentan que una noche cuando el “Largo Mayo” caminaba con su panda por Los Gámez, camino de la Jarana, tuvo un traspié y fue a pegar con un algarrobo, partiendo su guitarra en dos pedazos. Cuando llegó a la luz del candil, vio el estado que había quedado, es decir, el diapasón en una mano y la caja de resonancia en la otra; el cabreo lo tenía a flor de piel y Calderón le gastó una broma: “Mira, Largo, se te han quedao propias como para que eches una yueca“, y Largo le contestó: “Para lo que va a servir es para metértela a ti por la cabeza”.

Un día en Jeva se creó un premio de 500 pesetas, al mejor baile de bandera. Cristóbal “Chula”, puso arte y compás, el Moreno del Lino puso gracia y compás y al final hizo la señal de la cruz con la bandera y ganó el premio. Aquello estuvo a punto de terminar en una batalla campal entre los partidarios de uno y otro, y todavía hoy se comenta.

(Continuará)
(Alonso Martín Ruiz. “Raíces y Costumbres Verdialeras” (1989)

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