0274. Raíces y costumbres verdialeras. 7 (Alonso Martín)

El librito de Alonso Martín Ruiz repasa en este capítulo los rituales de la fiesta de Almogía, que parecen algo diferentes a los de la Fiesta de Montes.

En la fiesta de Almogía aparece la figura del Alcalde Mayor -¿se le llamaba también Mayordomo?-, persona de prestigio y “caudales” que convocaba y elegía a los alcaldes de pandas que podían salir por pascua. También la cuestión económica parece que estaba más regulada que en la fiesta de Montes, al ser esta zona de Almogía bastante más pudiente y autónoma que la de los partidos rurales de la capital.


“En el apartado de anécdotas, quiero contarles una historia singular que diferenció un poco la tradición de la ermita de Las Cruces. Según José Gutiérrez, maestro de violín, abuelo de una dinastía de grandes fiesteros, desde su padre, Francisco Gutiérrez, gran guitarrista y cantaor de primeros de siglo, hasta su hijo Francisco [Paco Gutiérrez], guitarrista y cantaor, y sus nietos todos fiesteros. Bueno, José, recuerda que su padre hablaba de cuando lo ganado el día de los inocentes, se entregaba a beneficio de las Animas Benditas; luego por los años veinte de este siglo fue nombrado Alcalde Mayor, cargo que hasta los años cuarenta ostentó Juan Chispa, y que de los cuarenta hasta los sesenta recayó en Alonso Postigo.

Bien, pues el alcalde Mayor contaba cuatro varas, el mayordomo que primero llevaba su panda tenía que contar con la vara que le asignaba el alcalde Mayor, si no contaba con tal visto bueno no era admitido en la ermita; las varas eran asignadas a los cuatro partidos rurales más cercanos: Las Yeseras, Arroyo Lancón, Majalavieja y Los Moras; de lo ganado en rifas estuvo ordenado pagar al alcalde Mayor durante muchos años veinticinco pesetas que luego éste entregaba para gastos de la ermita, luego la cuota fue subiendo hasta las trescientas pesetas que pagaban los últimos años. (Hay que decir como dato curioso que esta ermita está situada en 3 lindes: Cártama, Almogía y Álora).

El Alcalde Mayor, según la tradición, todos los años, el día anterior al 28 de Diciembre recibía a “Los Tontos” en su cortijo, por supuesto en aquel tiempo era un privilegio ser llamado: el mejor jamón, el mejor vino y lomo servido por las criadas, callos, mantecados caseros, aguardiente, café, buñuelos, se quedaban sobrados. Tenía aquel hombre una forma muy especial de rifar: según José Gutiérrez, el año que él estuvo, cuando llegaron por la tarde dijo: “Tengo veinte duros ‘pa’ que la Panda cene y se acueste a dormir, no me pide el cuerpo fiesta”. A media noche los despertaba a toque de caracol y volvía a dar otros veinte duros pa que tocaran; a la mañana siguiente, una vez desayunados cuando se iban, los volvía a rifar y así dos o tres veces. Los Alcaldes se iban contentos porque aquellas monedas y comida en aquel tiempo, valdrían como cien mil ptas. hoy.”

(Alonso Martín. “Raíces y costumbres verdialeras”. 1989)

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