0445. Memorias de Juan Calderón Salas – Capítulo 5.3

Las memorias de Juan Calderón Salas están muy bien recordadas y por lo tanto, organizadas. Siguiendo con juegos y diversiones de este niño criado en la Ermita de Los Verdiales, en los años 40s, le toca el turno a las salidas de este pequeñuelo a aquellos entretenimientos que los que nos hemos críado en pueblos y ciudades dábamos por sentado, pero que para él eran novedades incréibles y marcadas en su memoria: ferias y circos (o títeres como los llama Juan).

Lo más entrañable para mí de este pequeño relato: la alegría inmensa de los primeros zapatos “compra’os” y las conversaciones de mayores de su hermano Roque y su primo Paquillo.

Con estas diversiones tan esporádicas y humildes… ¡Cómo no iba a dejar huella profunda en Juanillo la Fiesta de verdiales!

1945 Fiesta en Martiricos

La feria de los Martiricos

Cada año en el mes de agosto, había en Málaga una gran feria muy famosa llamada La feria de los martiricos. La montaban en el barrio de Ciudad Jardín y tenía de toda la clase de tiovivos. Yo tan solo fui una vez y me lo tuve que ganar rebuscando almendras; también hacíamos tomizas, que vendíamos en Málaga igual que las almendras para sacar unas pesetas.

Me acuerdo de aquella única vez que mis padres me llevaron a la feria porque me compraron unos zapatos. ¡Mis primeros zapatos! En realidad se trataban de unas sandalias de goma pero cerradas y con cordones como los zapatos normales. Me hicieron tanta ilusión que encima de la cabecera de la colchoneta en la cual dormíamos Roque y yo, clavé dos clavos para colgarlos por los tacones y así tenerlos a la vista en todo momento mientras estuviese despierto.

Me parecía mentira tener yo unos zapatos, cuando siempre íbamos con unas medias alpargatas de tela con las suelas de goma, las cuales por aquellos montes nos duraban muy poco, pues enseguida se despegaban por las punteras y la suela se partía por la mitad, de forma que los dedos y parte de la planta del pie iba por el suelo, por eso digo que íbamos con medias alpargatas.

Un día estabamos en el Casaroncillo, entre mi casa y la casa de la Chica, Roque y yo con mis primos, Paquillo y Rafalito los de la Chica. Roque y Paquillo ya empezaban a hablar entre ellos de niñas y recuerdo una expresión de Paquillo diciéndole a Roque como iba a ir a hablarle a la niña de no sé dónde dijo. Lo que se me quedó fue como se lo decía a Roque así: “¡Ozú! Chiquillo, esas gentes son ricas. Me han dicho que tienen hasta el pescao frito sobráo de un día pa otro, en el cajón de la mesa”.

Por otro lado, mi primo Rafalito el de la Chica, no usaba ni medias alpargatas: éste siempre andaba descalzo. Me acuerdo que tenía los dedos del pié derecho algo torcidos hacia adentro, lo que le hacia cojear bastante, pero ya teníamos cayos en los pies y corríamos por aquello caminos descalzos y todo como perdigones.

De la feria recuerdo como me monté en los caballitos, en una bicicleta y lo más grande y maravilloso para mí fue montarme en “el ocho“, que era una especie de tren parecido al de la montaña rusa, pero las vías formaban un ocho, de ahí su nombre. Tenía unos balones de cuero colgados a lo largo de su recorrido, parecidos a los que usan los boxeadores en el gimnasio y según iban pasando la gente daban puñetazos al pegar el balón en el techo, rebotaban con fuerza y el que venía detrás lo tenía que esquivar o darle otro golpe.

No es el Ocho, pero aquí tenéis dos atracciones de la Feria de Martiricos

No es el Ocho, pero aquí tenéis dos atracciones de la Feria de Martiricos

Al volver de la feria para Los Verdiales, me acuerdo como venían con nosotros, mi tío Ángel hermano de mi madre y mi tío Pepe hermano de mi padre. Mi tío Ángel traía la bicicleta de la mano, con la cual bajaba a Málaga cada día con la leche, pues en aquél tiempo era lechero. Aquel día como venían ellos con nosotros, por acompañarles más tiempo, en vez de subir por la cuesta del agujero, como hacíamos siempre, seguimos carretera arriba, por la Ventilla y Montevideo, pues mi tío Pepe vivía en Los Frasquetes, cerca de La Venta Las Animas. La cuestión es que venía hablando con mi padre y yo venía tan feliz de la feria, que andaba corriendo la carretera arriba y abajo: me adelantaba de ellos carretera adelante y volvía para atrás otra vez. Una de estas veces mi tío Ángel dijo a mi padre de forma que yo le oyese adulándome: –Juanito, ya sabe montar en bicicleta! Porque en la feria, s’a montáo él solo en una. Y dijo mi tío Pepe: –¡Sí! pero no sabe el camino que nos queda todavía, porque lo va andando dos veces.

Mientras yo, ahora más contento aún al escuchar aquello, seguía con mis carreras, carretera arriba y abajo. Otro de los motivos de dar carreras sería por llevar zapatos nuevos, que aunque fuesen de goma, no dejaban de ser zapatos. Finalmente, creo que subimos, mis padres y yo, por un caminillo que salía del Ventorrillo Gutiérrez, pasando por Pagarbán y subía a la ermita, mientras mis tíos siguieron la carretera, hasta La Venta Las Animas.

Los títeres en Venta Alegre

Otra vez hubo “títeres” en Venta Alegre y me llevaron mis padres a verlos. Bueno, quizás fuéramos todos, ahora no me acuerdo exactamente. Lo que si sé, es que me lo pasé muy bien. El protagonista de aquella función era un payaso llamado artísticamente Cara jaula, nombre que llevaba la Compañía. Lo que más me llamó la atención y recuerdo muy bien fue una chica contorsionista que era algo fuera de serie. Cogía dos sillas, ponía una normal y otra boca abajo encima, se subía a los palos de las patas y poniéndose de pies, se doblaba hacia atrás, pasando la cabeza y el cuerpo entre los distintos palitos doblándose como una culebra, hasta llegar a coger con la boca un pañuelo que previamente le habían puesto en el asiento de la primera silla, luego volvía los movimientos hacia atrás hasta quedar de pies otra vez en lo alto de las sillas con el pañuelo en la boca. Luego volvía a repetir la maniobra, dejando nuevamente el pañuelo en el asiento de la silla, regresando a su postura de pies. Esta función fue inédita entonces por allí, hablándose durante mucho tiempo del ya famoso Cara jaula pues había quedado en la mente de todos, grandes y chicos como algo extraordinario y desde luego lo fue.


Continuará con… Trampas y tomizas

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Juan Calderon Salas (Juanele), Memorias de Juan de Bilbao y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a 0445. Memorias de Juan Calderón Salas – Capítulo 5.3

  1. Juanele. dijo:

    Hola Porverita;
    Gracias por como adornas las entradas de estas publicaciones, es comparable a la animación de un dibujo, porque le da otra gracia.
    Salud.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s