0457. Memorias de Juan Calderón Salas – Capítulo 7.1

Después de publicar la primera parte de las Memorias de Juan de Bilbao, que cubren los 10 primeros años de su vida en la Loma de la Ermita de Verdiales, iniciamos hoy esta segunda peripecia vital del “Niño de la Ermita” en la emigración al norte de España.

Os aseguro que este relato bilbaíno tiene tanto o más interés que el relato malagueño de los Montes de Málaga, porque da cuenta cabal de cómo vivía (sobrevivía), trabajaba, amaba y se divertía la “Málaga” emigrante en ese norte menos soleado, pero más esperanzado. Con ellos se llevaron la Fiesta de Verdiales, que nuestro protagonista no ha olvidado nunca, ni nunca ha dejado de añorar.

Gracias a esta voluntad de no olvidar, es por lo que todos los verdialeros hemos tenido la suerte inmensa de conocer a este enorme y entrañable personaje que es Juan de Bilbao.

Allá vamos:

Verdial 7 – Nos vamos a Bilbao

Maleta de carton

Prólogo. La emigración

Corrían los años de los cuarenta a los cincuenta. En aquella época hubo una emigración masiva de familias enteras a tierras desconocidas, buscando trabajo y una mejor vida, ya que a consecuencia de la posguerra que se vivía en Andalucía, se ponían las cosas cada vez más difíciles.

Concrétamente, las familias, tanto de mi padre como de mi madre, se dividieron, si no total, sí parcialmente entre distintos países y provincias de España. Por ejemplo, primos míos de “la Chica”, se fueron a Barcelona, una hija de mi tía Lola se fue a Francia. Nunca volví a ver a mis primos Anita, Pepe ni Lola.

Mi tío Ángel, hermano de mi madre con su familia, se fueron a Mallorca. Mis tíos Paco y Rafaela, igualmente hermanos de mi madre, se fueron a la Argentina con sus respectivas familias. Mi tío Pepe, hermano de mi padre, también se fue con su mujer a la Argentina. Este matrimonio murió allá, así como el marido y un hijo de mi tía Rafaela.

Ya por ultimo, en el año 1951 marcharon mi padre, mi tío Rafael y mi abuelo Roque el de la Ermita a Bilbao, con la intención de cuando buscasen trabajo y vivienda, irían llamando cada uno a su respectiva familia. Mi padre antes de marchar, había dejado la casa donde vivíamos y el poco terreno que tenia, ya vendido a Juanillo Portillo el de Los López, quedando los dos de acuerdo en que cuando mi padre nos llamase para irnos con él a Bilbao, entonces Juanillo Portillo nos bajase a Málaga con lo poco que teníamos para llevar en algún mulo hasta la estación.

Por fin llegó el día tan esperado por una parte y tan triste por otra, ya que suponía dos cosas muy significativas: una, íbamos a reunirnos con nuestro padre después de un año y dos, significaba el dejar atrás nuestra tierra, mis primos, mis juegos en la loma de la ermita, dejar de poner trampas en la cañ’a del Palmarejo, el albaricoque de Juanillo Portillo de Lo Luis, el níspero de la hoya de La Falcona, y un largo etc.

Este día tan señalado fue el 5 de Abril de 1952, estábamos preparados para marchar, con el colchón de la cama de mi madre enrollado y atado con una cuerda, la maquina de coser y poca cosa mas, yo ya me había despedido de mi primo Rafalito el de la Chica dándole mi camión favorito como dije en un apartado anterior, pero Juanillo Portillo no aparecía con el mulo para llevarnos a Málaga, a la estación.

Estabamos pensando ya en llamar a Joaquín Carbajal del Palmarejo, o a mi tío Antonio el de la Chica, que tenia una burra, pero pensamos que la burra no podría con el colchón, la maquina de coser y demás. Al final no sé de quien seria la idea pero el caso es que avisamos a Rafael Carbajal el de La Escardá y este nos llevó a Málaga.

La maleta de cartón

Aquella vieja maleta de cartón, en la cual estaban las cosas de mi madre y la vieja pistola, la aproveché yo días antes del viaje, para hacerme una pequeña “maleta de cartón”. Para ello utilicé unas tablillas, la tapa y el fondo de cartón de la vieja, aprovechando sus herrajes,  en ella metí mis cosillas entre las cuales iban algunas trampas de alambres (cepos). De forma que cuando llegamos a Bilbao iba yo con “mi maleta de cartón” tan tradicional en aquellos tiempos.

Como empecé diciendo, nos bajó a Málaga Rafael Carbajal, pero yo creo que nos dejo en una posada, porque recuerdo que por medio de Málaga íbamos en un carro de varas, de esos  que tienen dos ruedas grandes, y van tirado por un solo caballo, en este carruaje llegamos a la estación, ahora mi madre tenía que facturar los bultos, el colchón, la maquina de coser y un baúl, no se si alguna cosa mas.

Con nosotros llevábamos otra maleta, una talega con algo de comida y mi maletita.  Me acuerdo como  mi madre, a la pregunta de alguien de –¿Cómo se lleva usted la maquina de coser hasta Bilbao? Ella le contestó: ¡Antes dejo el colchón, que dejar la maquina! Estaba claro, puesto que era su herramienta de trabajo, con la cual ganaba alguna pesetílla.

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Una respuesta a 0457. Memorias de Juan Calderón Salas – Capítulo 7.1

  1. juanermita dijo:

    Eres fabulosa con tus halagos amiga Porverita, con esas introducciones tullas, siempre me haces emocionar y sacarme alguna lagrimilla, reviviendo aquellos momentos, unas veces tristes, otras alegres, pero sobre todo vividos tan intensamente, que es imposible borrarlos de la mente.
    Yo aseguro que es todo lo contrario. Gracias por tu trabajo.
    Salud amiga fiestera mayor. Un beso. Juanele.

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