0492. La fiesta de La Chicharra, por Javier Cuéllar

Sólo he acudido a la fiesta de la Chicharra, en Motilleja, una única vez, en el 2014 (la última edición), pero la huella e impresión en mi espíritu y afición musical ha resultado perdurable e imborrable, de tal manera que la experiencia del Encuentro de cuadrillas de Barranda de este año 2016 ha salido algo perjudicado en mi balance de citas musicales. Supongo que tiene que ver con el tamaño del evento, más familiar y próximo el de Motilleja, pero que después de leer este revelador e inspirado artículo de Javier Cuéllar, pitero de Iniesta y músico de la Ronda de Motilleja (y de la Cuadrilla del Dos) veo que tiene que ver con un elemento fundamental de cualquier fiesta que se precie: la participación absoluta de todos los componentes y el protagonismo que adquiere el propio público asistente.

Comienzo, con este estupendo artículo de Javier Cuéllar, una serie de entradas dedicadas a la Fiesta de la Chicharra motillejana, porque, aunque mi experiencia directa de este tipo de eventos es todavía muy limitada, opino que es la celebración festiva, de música tradicional, más insólita y vanguardista que he conocido. Opinión que creo compartir con mucha gente experimentada que ha escrito o hablado sobre ella, como en este documental que debe corresponder a la Chicharra del año 2010. Es curiosa, por otra parte, la enorme presencia que tiene la fiesta de verdiales malagueña (y la gran impresión que produce en el público) en esta cita manchega. Sinceramente pienso que, en su difusión fuera de Málaga, la fiesta malagueña tiene mucho que agradecer a la Chicharra 

Los subrayados en rojo, son de la Porverita, con los que coincido totalmente.


LA CHICHARRA – REVIENTA CANTANDO: UNA VISIÓN PARTICIPANTE Y SUBJETIVA DE LA FIESTA Y SUS PROTAGONISTAS
Javier Cuéllar Tórtola (Músico folklorista, Pitero de Iniesta. Presidente del Centro de Estudios de La Manchuela –C.E.M.-

La Chicharra-Revienta Cantando es una fiesta popular fundamentada en la música y el baile tradicional. Se celebra todos los años a mitad del mes de julio, durante el fin de semana anterior a la festividad de Santa Ana, patrona espiritual del pueblo motillejano, a la que se conmemora solemnemente con feria y fiesta mayor. A lo largo de todo el fin de semana, hasta la localidad de Motilleja, situada en el noreste de la provincia de Albacete, en la comarca de La Manchuela, llegan músicos y visitantes de toda la geografía nacional para tocar, cantar, bailar por las calles, plazas y bares del pueblo. Seguidillas, fandangos y jotas, con sus respectivas variantes formales y territoriales, son las piezas del repertorio de la práctica totalidad de los grupos asistentes a la fiesta, no en vano, estos tres palos musicales conformaron la base rítmica y melódica de la música tradicional del siglo XIX en casi todo el país. Es esos días festivos no hay tregua ni descanso, la fiesta fluye por doquier, los músicos tocan libremente donde les place, cuando les apetece y cuantas veces quieren, nadie les dice cómo, cuándo y dónde deben tocar. Ésa es la norma organizativa, es decir, la norma en la Chicharra es que no hay norma. Posiblemente, por este motivo, sin estar escrito, sin que nadie se lo pida, las rondas participantes rivalizan enérgicamente, en sana y leal competencia, para ver quién canta más y mejor, quién canta y toca más fuerte, quién hace bailar a más gente, quién canta las coplas más bonitas, o las más picantes, quién atrae a más público a su corro o quién es la más aplaudida. El resultado, como no podía ser de otra manera, es una fiesta voluntaria, espontánea, libre, vigorosa, un tanto anárquica, pero incesante, animosa, trepidante, intensa y vibrante, donde los mitos, los ritos y la performance convergen y se dan la mano para convertir el intemporal espacio urbano de Motilleja en todo un escenario teatral y cosmológico en el que la representación tiene como personajes principales a músicos, cantores y bailaores.

Por lo tanto, nos encontramos ante una fiesta nueva, actual y moderna y, por supuesto, pagana, sin idolatrías ni ídolos, que une y mezcla, como pocas, tradición y modernidad, elementos básicos para entender y comprender una práctica festiva de otras épocas (fundamentalmente basada en las músicas y los bailes de la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX) y su adaptación, procesual y cambiante, al tiempo presente. Es una fiesta que se puede percibir como transgresora, con grandes dosis de rebelión, resistencia, agitación, progreso y, aunque parezca increible, de vanguardia, lo que le otorga la potestad y la capacidad de llevar a cabo, año tras año, una continua actualización e improvisación estética y de imagen, sencillamente y tal vez, porque no existe ninguna fiesta popular que haya mantenido o mantenga siempre la misma estructura y el mismo significado. Pero, al mismo tiempo, la componente tradicional de la Chicharra está presente, y quizás más viva que nunca, en la funcionalidad social e integradora de la fiesta, en la utilidad misma de músicas y bailes en un contexto festivo de carácter campesino, antiguo y arcaico, donde la misma estructura de lo que se festeja, tal y como está concebida, no permite la existencia pasiva de espectadores ni de consumidores (como sí ocurre en cualquier otra representación folklórica actual) sino que la misma praxis festiva, de este modo percibida, conlleva a una fiesta en la que sólo hay protagonistas, actores, participantes, organizadores, etc. El público, en sí mismo, desempeña uno de los papeles principales de la fiesta, ya que participa de la música, del baile, del cante, de la comida, de la bebida, del agua arrojada, es decir, el público actuante reactiva per se la integración social de carácter funcional que cualquier fiesta que se precie debe abanderar.

De entre los protagonistas más sobresalientes de la fiesta destaca la Ronda de Motilleja, una de las pocas rondas o cuadrillas de músicos tradicionales que nos quedan en el medio rural castellano-manchego. La Ronda coordina todo el evento, antes, durante y después de celebrarse. Es la encargada de localizar e invitar a los grupos musicales, organiza la acogida y el alojamiento de todos los invitados, prepara la comida popular del sábado, dispone los remolques de agua para la batalla del domingo, mantiene las relaciones sociales, etc., y , evidentemente, tocan, cantan y bailan hasta “reventar”, cuan sonoras chicharras estivales. Son el alma de la fiesta, su razón de ser, su esencia.

El vecindario motillejano también toma parte activa en La Chicharra, siendo éste un protagonista que nunca debe faltar en cualquier estructura festiva, como ya se ha dicho. Las mujeres participan en el encuentro de bolilleras y preparan comidas, algunos hombres ayudan a asar y servir viandas de la comida popular, los dueños de bares y restaurantes se vuelcan para atender a los visitantes, niños, adolescentes y juventud local protagonizan la batalla del agua con la que se da por terminada la fiesta, y muchos son los vecinos que, con su presencia en todos los actos programados, justifican más si cabe, el desarrollo de la fiesta.

Los músicos de cada agrupación participante son los protagonistas mejor identificados. Suelen llevar algunas parejas de baile. Cada grupo adopta su postura estética ante la fiesta, dejando ver así su personalidad interpretativa, su actual performance. Todas las rondas se reúnen en corro para tocar, separadas unas de otras a una cierta distancia y, alrededor de ellas, se coloca el público, tanto si es en la calle como si es en los bares. También se deja un pequeño espacio para permitir el baile, que es suelto y libre. Hay un intercambio activo de formas culturales de todo tipo, de tal manera que, los músicos pueden tocar con cualquier ronda y los bailaores bailar con cualquier cuadro de baile. Es fácil ver cómo músicos enseñan a tocar sus instrumentos a quien se lo pide y cómo bailaores aleccionan en sus primeros pasos de baile a quien se lo demanda.

El público está compuesto por los propios vecinos, por los visitantes, siempre imprevistos pero muy numerosos, y por los invitados de la Ronda. Ya hemos dicho que, precisamente el público, es el protagonista fundamental de la fiesta. Si así lo desea, toca, canta, baila, tararea o mueve los pies a ritmo de guitarras, violines, guitarros, octavillas, laúdes, platillos, panderos y castañuelas. Quizás sea este hecho, insisto, el más relevante de la fiesta de La Chicharra, que el espectador deje de serlo para convertirse en verdadero protagonista.

Para todos los visitantes y participantes, la fiesta se ofrece abiertamente, sin reservas, como un paréntesis de lo cotidiano, de la rutina diaria, que genera, por unas horas, nuevas situaciones y relaciones personales y grupales cargadas de sensaciones, de emoción y de sentimientos, por medio de los cuales se reafirman, con contundencia, algunas estructuras sociales de amistad, familia, vecindad … en un círculo cerrado de identidad festiva común.

Por último, cabe reseñar que, actualmente, La Chicharra-Revienta Cantando, además de suponer uno de los eventos más importantes y significativos en el calendario festivo del pueblo de Motilleja –admitido y asumido así por todo el vecindario-, además de manifestarse como un interesante, animado y divertido encuentro de rondas, cuadrillas, pandas o músicos folklóricos de distinta índole y lugar, además de contar con variados e importantes elementos lúdico-festivos de apoyo (exhibición de bolilleras en la plaza, exposiciones, comida popular en la calle, pitas y tambores, concierto folk, batalla del agua, etc.), además de representar todo un universo de identidades musicales, idiomáticas y culturales reunidas y hermanadas en torno a la fiesta, además de ser ya un claro referente de la música tradicional en la provincia de Albacete y, por extensión, en Castilla-La Mancha, pues, además de todo eso, La Chicharra se muestra a la mirada más observante como un auténtico laboratorio vivo y experimental que nos permite, sin lugar a dudas, analizar, estudiar, comprender y definir los procesos de evolución y cambio que se dan en los repertorios, en los estilos, en los instrumentos, en las agrupaciones musicales folklóricas y en los músicos tradicionales de la primera década del siglo XXI.

(En el libreto del CD “La Chicharra: revienta cantando” (2010) publicado por la Diputación de Albacete en su Colección “Provincia de Albacete. Tradición y Cultura, pág. 7-12)

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